Hace decenas de miles de años, los neandertales dejaron de aparecer en el registro fósil. Durante mucho tiempo, esta ausencia fue interpretada como la prueba de su extinción. Sin embargo, una nueva lectura de la evidencia genética plantea una posibilidad mucho más intrigante: quizá nunca desaparecieron por completo.
En lugar de ser eliminados repentinamente, algunos grupos pudieron mezclarse con los Homo sapiens hasta quedar integrados en sus poblaciones. El resultado de aquellos encuentros continúa presente en nuestro ADN, lo que significa que estos antiguos parientes podrían seguir existiendo, al menos desde un punto de vista genético, dentro de millones de seres humanos actuales.

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Humanos y neandertales compartieron mucho más que territorio
Durante décadas, los científicos intentaron explicar por qué los neandertales desaparecieron mientras los humanos modernos se extendían por Europa y Asia. Algunas teorías apuntaban a la competencia por los recursos, las enfermedades, los cambios climáticos o incluso los enfrentamientos violentos.
No obstante, los descubrimientos genéticos de los últimos años dibujan una historia más compleja. Los neandertales y los Homo sapiens no solamente ocuparon territorios cercanos, sino que también intercambiaron conocimientos, utilizaron herramientas similares y tuvieron descendencia juntos.
La secuenciación del genoma neandertal, completada en 2010, confirmó que existió mezcla genética entre ambas poblaciones. Este hallazgo cambió radicalmente la manera de interpretar su desaparición, porque demostró que una parte de ellos sobrevivió en las generaciones posteriores.
Investigadores del Instituto Lewis-Sigler, encabezados por Joshua Akey, utilizaron técnicas avanzadas de secuenciación y modelado genético para reconstruir aquellos encuentros. Sus análisis indican que el mestizaje no ocurrió una sola vez, sino durante diferentes periodos de la prehistoria.
La huella neandertal todavía permanece en nuestro ADN
Actualmente, muchas poblaciones con ascendencia fuera del África subsahariana conservan aproximadamente entre un 1% y un 2% de ADN neandertal. Aunque el porcentaje parece pequeño, representa una herencia genética considerable cuando se observa a escala de toda la población humana.
Además, el intercambio no habría sido únicamente en una dirección. Los neandertales también incorporaron ADN de los primeros humanos modernos, algo que pudo influir en su capacidad para adaptarse y sobrevivir en determinadas regiones de Europa y Asia.
Esta herencia sigue teniendo efectos en nuestra biología. Algunos fragmentos de ADN neandertal han sido relacionados con el funcionamiento del sistema inmunitario y la respuesta frente a ciertas enfermedades. Al mismo tiempo, ciertos genes pueden haber aumentado la predisposición a enfermedades autoinmunes, como el lupus, o influido en la gravedad de algunas infecciones, incluida la COVID-19.

Los investigadores también han vinculado esta herencia con determinadas características de la piel, el cabello y la estructura corporal. Algunas variantes genéticas probablemente ayudaron a las primeras poblaciones humanas a adaptarse mejor a los climas fríos que encontraron durante su expansión por Eurasia.
Tal vez no se extinguieron: fueron absorbidos
Una de las explicaciones que gana fuerza es la llamada teoría de la asimilación. Según esta propuesta, los neandertales no habrían sido eliminados por completo, sino absorbidos gradualmente por poblaciones de humanos modernos cada vez más numerosas.
El antropólogo Fred Smith sostiene que las comunidades neandertales ya eran pequeñas y estaban relativamente aisladas. Con la llegada y expansión de los Homo sapiens, algunos grupos pudieron integrarse mediante generaciones sucesivas de mestizaje. Con el paso del tiempo, dejaron de existir como una población diferenciada, pero una parte de su patrimonio genético logró sobrevivir.
Esto no significa que todos los neandertales tuvieran el mismo destino. Como explica la antropóloga Shara Bailey, de la Universidad de Nueva York, su desaparición probablemente no puede reducirse a una única causa. Algunas comunidades pudieron extinguirse por enfermedades, falta de recursos o cambios ambientales, mientras otras se incorporaron a grupos humanos más grandes.
Así, la historia de los neandertales quizá no terminó con una extinción abrupta. Su identidad como población desapareció, pero parte de ellos siguió viajando a través de generaciones. Miles de años después, sus vestigios no se encuentran únicamente en cuevas o fósiles: también permanecen ocultos en nuestro propio ADN.