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Ciencia

La juventud solía ser sinónimo de felicidad. Hoy los datos dicen lo contrario: los jóvenes empiezan más tristes que los adultos

Los estudios muestran que la curva de la infelicidad cambió de forma: lo que antes se intensificaba en la mediana edad ahora comienza en la adolescencia. Ansiedad, frustración y adicciones forman parte de un escenario que los especialistas llaman “potenciadores de patologías”.
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Siempre hemos creído que la juventud era el tramo más feliz de la vida. Sin embargo, nuevas encuestas globales y relevamientos locales dibujan un panorama diferente: adolescentes y veinteañeros reportan hoy niveles de malestar más altos que los adultos. Los expertos señalan señales de alerta que conviene no pasar por alto.

Una curva que se invirtió

No son solo redes sociales ni la pandemia. Los expertos hablan de “combos problemáticos” que explican por qué los jóvenes viven más infelicidad
© Unsplash – Dimmis Vart.

El clásico modelo de campana, donde la infelicidad alcanzaba su pico en los 40, ya no se cumple. Hoy, los estudios muestran que desde los 18 años los niveles de ansiedad y tristeza superan incluso a los de los adultos de mediana edad. En Argentina, el relevamiento de la UBA señala un riesgo de salud mental que duplica al de la prepandemia.

Factores que potencian el malestar

No son solo redes sociales ni la pandemia. Los expertos hablan de “combos problemáticos” que explican por qué los jóvenes viven más infelicidad
© Unsplash – Cristian Castillo.

Los especialistas describen “combos problemáticos” que combinan redes sociales, exigencias sociales y frustración permanente. Los jóvenes conviven con ideales imposibles de alcanzar: éxito económico, cuerpos perfectos y vidas hiperproductivas. El choque entre expectativa y realidad genera ansiedad, irritabilidad y un sentimiento de vacío difícil de procesar.

La pandemia como bisagra

No son solo redes sociales ni la pandemia. Los expertos hablan de “combos problemáticos” que explican por qué los jóvenes viven más infelicidad
© Unsplash – Omar Ramadan.

Este confinamiento dejó huellas que aún persisten. Aislamiento, retraso en la socialización presencial e hiperconexión digital profundizaron cuadros depresivos y ansiosos. Los expertos subrayan que no se trata de efectos pasajeros: muchas veces requieren tratamiento y acompañamiento para evitar que se cronifiquen en la adultez.

Adicciones y cerebros en formación

La adolescencia es una etapa de plasticidad neuronal. En este contexto, la exposición compulsiva a pantallas y el consumo problemático de sustancias actúan como detonantes. La satisfacción inmediata que promete la tecnología altera la tolerancia a la frustración y favorece la aparición de cuadros depresivos y ansiosos.

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