Hubo un tiempo en que la adolescencia y los primeros años de la adultez eran descritos como la etapa dorada de la felicidad. Hoy, la ciencia social nos enfrenta a un panorama distinto. Las investigaciones recientes muestran que los más jóvenes atraviesan un deterioro emocional profundo que no se había visto en generaciones anteriores.
De la curva en U a la línea descendente

El economista David Blanchflower, junto con Andrew Oswald, fue uno de los primeros en demostrar que el bienestar humano seguía un patrón universal en forma de U. Esta curva reflejaba un inicio feliz en la infancia, un descenso marcado en la mediana edad y una recuperación en la vejez. Se trataba de un fenómeno observado en más de un centenar de países y, sorprendentemente, también en poblaciones de grandes simios.
Sin embargo, las últimas investigaciones señalan que la Generación Z ha roto esa regularidad. En lugar de una curva en forma de U, los datos muestran una caída sostenida de la felicidad en la juventud y un incremento paulatino con la edad. Hoy, los adultos jóvenes son los menos felices de la sociedad.
Un cambio que comenzó antes de la pandemia
Los estudios liderados por Blanchflower identifican que el punto de quiebre se sitúa entre 2014 y 2017. Incluso antes de la pandemia, los registros ya revelaban un deterioro acelerado del bienestar, especialmente entre mujeres jóvenes. La crisis sanitaria del COVID-19 no hizo más que intensificar una tendencia que ya estaba en marcha.
Zach Rausch, otro de los investigadores que siguió de cerca el fenómeno, ha mostrado que el declive en la salud mental juvenil no es exclusivo de un país. Desde Estados Unidos hasta las naciones nórdicas y buena parte de Europa, los datos exhiben un patrón global. La Generación Z, en particular, registra tasas más altas de ansiedad, depresión, autolesiones y hospitalizaciones psiquiátricas.
Las cifras de una crisis mundial

El problema adquiere una dimensión alarmante cuando se observa la frecuencia de la infelicidad. En Estados Unidos, una de cada nueve mujeres jóvenes asegura que cada día vive con mala salud mental. Entre los varones, uno de cada 14 atraviesa la misma situación. Estos datos se correlacionan con absentismo escolar, ingresos hospitalarios y un aumento de suicidios.
El Global Mind Project de Sapien Labs, que recoge datos de 34 países entre 2020 y 2023, confirma el mismo escenario: los jóvenes son hoy los más infelices de la pirámide social. Y a diferencia del pasado, las personas mayores declaran sentirse mejor a medida que avanza la edad.
El enigma de la felicidad perdida
La gran pregunta aún sin respuesta es por qué. Los expertos coinciden en que no se trata del mercado laboral ni de la pandemia. Algo comenzó a gestarse alrededor de 2014, un cambio cultural o tecnológico de alcance global que afectó especialmente a los más jóvenes y, con mayor intensidad, a las mujeres.
Para Blanchflower, lo que estamos presenciando es un cambio de paradigma histórico: la crisis de la mediana edad ha quedado relegada y ha sido reemplazada por una crisis mundial de salud mental juvenil. Lo que durante décadas se entendió como una certeza biológica ahora se ha convertido en un enigma social que exige respuestas urgentes.