Durante años, fue presentado como una de las apuestas más audaces del siglo XXI: un proyecto tan descomunal que parecía salido de la ciencia ficción. Una estructura capaz de redefinir ciudades, economías y hasta la forma en que vivimos. Sin embargo, detrás de esa promesa futurista, algo comenzó a cambiar. Lo que iba a ser un ícono inmediato del progreso ahora se enfrenta a una realidad mucho más compleja.
Un gigante que aspiraba a dominar el horizonte
En el corazón de Riad, un plan ambicioso comenzó a tomar forma como parte de la estrategia nacional Vision 2030. El protagonista de este sueño era el Mukaab, una construcción cúbica de proporciones inéditas: 400 metros de alto, ancho y largo.
No se trataba solo de un edificio. La idea era crear una “ciudad dentro de otra ciudad”, un espacio capaz de albergar hasta 400.000 personas, con infraestructura propia: estadios, museos, centros comerciales, universidades y espacios de entretenimiento. Todo integrado en una única estructura colosal.
Para dimensionarlo, los diseñadores afirmaban que su volumen permitiría contener hasta veinte edificios como el Empire State Building. Una comparación que, lejos de exagerar, servía para entender la escala del proyecto.
El Mukaab sería el núcleo del desarrollo urbano conocido como New Murabba, una nueva zona pensada para redefinir el concepto de ciudad moderna. Más que arquitectura, era una declaración de poder, una señal clara de que el país estaba dispuesto a reinventarse.
Pero esa visión, tan impresionante como costosa, comenzó a mostrar sus límites.
El freno inesperado: dinero, prioridades y realidad
Aunque el proyecto ya había avanzado en etapas clave (incluyendo excavaciones iniciales), informes recientes indican que su construcción ha sido suspendida temporalmente. No se trata de una cancelación definitiva, pero sí de una pausa significativa que cambia el panorama.
Detrás de esta decisión hay un factor difícil de ignorar: el dinero. En los últimos años, el país ha destinado cerca de 925.000 millones de dólares a múltiples iniciativas de gran escala. Sin embargo, mantener todos esos proyectos activos al mismo tiempo se volvió cada vez más difícil de sostener.
Las autoridades han optado por priorizar desarrollos con retorno más inmediato o impacto global más directo, como los relacionados con la Expo 2030 y la FIFA World Cup 2034. También han ganado peso otras apuestas turísticas como Qiddiya, orientadas a atraer visitantes internacionales.

En este contexto, el Mukaab quedó relegado a un segundo plano. Su finalización, que originalmente estaba prevista para 2030, ahora se proyecta hacia 2040. Un cambio que no solo implica una demora, sino también una revisión profunda de su viabilidad.
Un símbolo entre la ambición y la controversia
El Mukaab no solo generó expectativas, también despertó polémicas desde el primer momento. Parte de la controversia surgió por su diseño cúbico, que algunos consideraron demasiado similar a la Kaaba, uno de los lugares más sagrados del islam.
Más allá de las críticas, el proyecto representaba algo mayor: la transformación de un país históricamente dependiente del petróleo. Hoy, ese recurso sigue representando cerca del 40% de su producto interno bruto, lo que convierte la diversificación económica en una necesidad urgente.
En esa búsqueda, surgieron iniciativas aún más radicales, como The Line, una ciudad lineal de 170 kilómetros que también ha sido reducida significativamente frente a las expectativas iniciales.
Estos proyectos comparten una misma lógica: construir el futuro antes de que el modelo actual deje de ser viable. Pero la realidad económica global, junto con el costo descomunal de estas obras, ha obligado a replantear prioridades.
El futuro del proyecto que quería cambiarlo todo
La pausa del Mukaab no significa su desaparición, pero sí marca un punto de inflexión. La ambición sigue intacta, aunque ahora convive con una mayor cautela.
Lo que alguna vez se presentó como un símbolo inmediato del futuro hoy se convierte en una incógnita. ¿Se completará tal como fue concebido? ¿Se reducirá su escala? ¿O terminará siendo recordado como uno de los proyectos más audaces y problemáticos de su tiempo?
Mientras tanto, el enorme cráter donde debía levantarse sigue siendo una metáfora perfecta: un espacio lleno de posibilidades, pero también de dudas.
[Fuente: Presse-citron]