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Ciencia

Isaac Newton dejó escrita una fecha para el destino de la humanidad. Más de 300 años después, podemos decir que sí… estamos cada vez más cerca

El físico que revolucionó nuestra comprensión del universo también dedicó años a estudiar antiguas profecías. Entre sus manuscritos dejó un cálculo sobre el futuro de la humanidad que, tres siglos después, sigue despertando intriga.
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Isaac Newton consiguió explicar cómo se mueven los planetas, formuló las leyes del movimiento y desarrolló herramientas matemáticas que transformaron nuestra comprensión del universo. Su trabajo sentó las bases de la física moderna y lo convirtió en una de las figuras más importantes de la historia de la ciencia. Sin embargo, entre sus miles de páginas manuscritas aparece una cifra que parece completamente ajena a sus descubrimientos: 2060.

No era una ecuación sobre la gravedad ni una predicción astronómica. Newton había llegado a ese año después de estudiar antiguos textos bíblicos, convencido de que algunos acontecimientos religiosos podían interpretarse mediante cálculos cronológicos. Cuando sus escritos comenzaron a difundirse ampliamente en 2003, numerosos titulares presentaron aquella fecha como una advertencia sobre el fin del mundo. Pero la interpretación resultaba bastante más compleja.

De acuerdo con Stephen D. Snobelen, historiador especializado en los manuscritos teológicos de Newton, el científico no pretendía anunciar la destrucción de la Tierra en 2060. Su cálculo estaba relacionado con el final de una etapa religiosa que, según sus creencias, daría paso a una transformación espiritual de la humanidad.

Un cálculo escondido entre manuscritos que Newton nunca quiso publicar

Isaac Newton dejó escrita una fecha para el destino de la humanidad. Más de 300 años después, podemos decir que sí... estamos cada vez más cerca
© University Library in Jerusalem.

Durante buena parte de su vida, Newton dedicó enormes esfuerzos al estudio de la teología, la alquimia y las antiguas profecías. Aunque estas actividades suelen quedar eclipsadas por sus descubrimientos científicos, ocuparon un lugar importante en sus investigaciones personales.

La fecha de 2060 aparece en dos documentos conservados dentro de la colección Yahuda, actualmente custodiada por la Biblioteca Nacional de Israel. Newton estudió especialmente el Libro de Daniel y el Apocalipsis, donde encontró referencias a períodos de 1.260 días. Siguiendo una interpretación religiosa común en su época, consideró que cada día representaba en realidad un año.

A partir de ahí realizó una operación relativamente sencilla: sumó 1.260 años al año 800, fecha que asociaba con la consolidación del poder temporal de la Iglesia y que coincide con la coronación de Carlomagno como emperador.

El resultado era 2060.

Sin embargo, existe un detalle fundamental. Como explica el Newton Project Canada al analizar estos manuscritos, el científico no pensaba necesariamente que el mundo terminaría físicamente ese año.

Desde su perspectiva religiosa, el período señalado podía representar el fin de una etapa de corrupción espiritual y el comienzo de una nueva era vinculada al regreso de Cristo y al establecimiento de su reino en la Tierra. Se trataba, por tanto, de una interpretación teológica, no de una predicción científica respaldada por observaciones del universo.

Lo más sorprendente es que Newton desconfiaba de quienes anunciaban el apocalipsis

La misteriosa fecha que Newton calculó como el gran cambio de la humanidad: ¿y si no era el fin?
© Pixabay / Batman111.

Aquí aparece la mayor paradoja de esta historia. Aunque hoy se le atribuye con frecuencia una fecha concreta para el fin del mundo, Newton criticaba a las personas que anunciaban acontecimientos apocalípticos basándose en interpretaciones demasiado seguras de los textos religiosos.

En uno de sus manuscritos señaló que el período profético podía terminar después de 2060, pero que no encontraba motivos para situarlo antes. Su intención, según explicó el propio Newton, era frenar las especulaciones de quienes establecían fechas y desprestigiaban las profecías cuando sus predicciones fracasaban. Además, Snobelen aclaró en una actualización de su investigación de marzo de 2025 otro error histórico bastante extendido: el famoso manuscrito no puede fecharse en 1704, como suele repetirse.

El papel utilizado contenía una referencia a Newton como Sir Isaac Newton, título que recibió cuando fue nombrado caballero en 1705. Por lo tanto, esas anotaciones tuvieron que realizarse después de esa fecha. Esto demuestra hasta qué punto una historia aparentemente conocida puede transformarse cuando los investigadores regresan a los documentos originales.

El verdadero misterio no está en 2060, sino en el propio Newton

Isaac Newton dejó escrita una fecha para el destino de la humanidad. Más de 300 años después, podemos decir que sí... estamos cada vez más cerca
© University Library in Jerusalem.

La historia también permite comprender una faceta poco conocida del físico británico. Para Newton, el estudio de la naturaleza y la interpretación de los textos religiosos no eran actividades completamente separadas. Ambas formaban parte de su intento de encontrar un orden detrás del mundo que lo rodeaba. Sin embargo, sus investigaciones científicas se apoyaban en observaciones, experimentos y demostraciones matemáticas, mientras que sus cálculos proféticos dependían de creencias e interpretaciones bíblicas que no pueden verificarse mediante el método científico.

De hecho, el análisis histórico de Snobelen muestra que Newton fue modificando sus interpretaciones cronológicas a lo largo de los años y considerando diferentes puntos de partida para sus cálculos.

Nada de esto constituye evidencia de que vaya a producirse un acontecimiento extraordinario en 2060. Tampoco hay fundamento documental para atribuirle predicciones sobre inteligencia artificial, conflictos digitales o tecnologías modernas. Y quizá ahí esté lo más interesante de toda la historia: el hombre que ayudó a explicar matemáticamente el movimiento del universo también intentó encontrar respuestas sobre el futuro de la humanidad en textos escritos muchos siglos antes de su nacimiento.

Más de trescientos años después, sus ecuaciones siguen describiendo fenómenos reales. Sus cálculos sobre 2060, en cambio, permanecen como testimonio de sus creencias y de los límites entre la ciencia, la religión y nuestra necesidad de conocer el futuro.

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