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Ciencia

La mononucleosis parece inofensiva… hasta que nuevos datos apuntan a algo mucho más serio

La ciencia está encontrando un posible vínculo entre la mononucleosis adolescente y una afección crónica que aparece años después.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Son muchos los que han enfermado de mononucleosis infecciosa, o que o conocen a alguien que tuvo esa enfermedad. Esta semana un estudio encontró que la infección que tanto molesta a los adolescentes podría causar problemas más graves años más tarde.

Los investigadores de la Clínica Mayo, entre otros, analizaron la salud a largo plazo de personas diagnosticadas con mononucleosis vinculada al virus de Epstein-Barr (EBV, sus siglas en inglés). Quienes habían tenido mononucleosis presentaban tres veces más probabilidades de sufrir esclerosis múltiple en comparación con quienes no la habían tenido. Los hallazgos parecen brindar un indicio importante de por qué solo un pequeño porcentaje de los que se infectaron con el virus de Epstein-Barr llegan a sufrir esta enfermedad tan debilitante.

“Nuestros resultados se suman al creciente volumen de evidencia que vincula la infección por virus de EB positivo con los riesgos de la esclerosis múltiple”, escribieron los investigadores en el trabajo publicado el miércoles en Neurology Open Access.

Común pero rara vez peligroso

Los científicos acumularon en los últimos años considerable evidencia de que el virus de EB, un tipo de herpesvirus, es la principal causa de la esclerosis múltiple. Pero todavía hay muchas preguntas entre la relación que vincula a las dos enfermedades.

Casi todos contraemos el virus de EB en algún momento de la vida, y el virus luego permanece latente en el cuerpo. Pero solamente algunos enfermarán por la infección inicial, y de esos, son menos incluso los que tendrán esclerosis múltiple (cerca del 1%).

La mononucleosis es tal vez la manifestación más conocida d ela enfermedad aguda relacionada con el virus de EB, que afecta a una cuarta parte de quienes contraen el virus en su adolescencia o joven adultez (dicho esto, hay otras infecciones que pueden causar mononucleosis). Suele aparecer alrededor de un mes después de haber estado expuestos al virus de EB, con síntomas como urticaria parecida a la del sarampión, fatiga extrema, dolor de garganta y dolor de cabeza. La mayoría de las personas se recupera de la mononucleosis en algunas semanas, pero para los menos afortunados la recuperación puede durar hasta seis meses.

Varios estudios sugieren que quienes se enferman de mononucleosis por virus de EB tienen más probabilidades de sufrir esclerosis múltiple. Según los autores, la investigación se centró mayormente en casos de mononucleosis auto informada, o conocida de manera indirecta, y eso hace que la confiabilidad disminuya.

En el nuevo estudio los investigadores analizaron los registros de 4.721 personas con mononucleosis vinculada a análisis positivo en virus de EB. Compararon a estas personas con un grupo más numeroso de 14.163 personas que no habían tenido mononucleosis pero que compartían características similares, como la edad.

Siguieron la salud de los grupos durante unos seis a ocho años como promedio. Y aunque los casos diagnosticados con esclerosis múltiple eran infrecuentes en los dos grupos,  era claro que quienes habían tenido mononucleosis tenían un riesgo mayor, según encontraron los investigadores. Incluso tras los ajustes debidos a otros factores relevantes como tabaquismo  o depresión, los que habían tenido mononucleosis tenían tres veces más riesgo de enfermar de esclerosis múltiple.

Necesitad de prevenir

Aunque los hallazgos parecen confirmar el rol de la mononucleosis en el riesgo de sufrir esclerosis múltiple, es importante señalar que la mayoría de los que tuvieron mononucleosis no tendrán luego esclerosis múltiple. Harán falta más trabajos de investigación para desentrañar cuáles son los probables y complejos disparadores de la esclerosis múltiple.

Sin embargo, los autores del estudio tienen algo en claro: con urgencia hacen falta vacunas que puedan prevenir efectivamente la infección por virus de EB, o al menos el tipo de infección que más adelante en la vida pudiera dar lugar a la esclerosis múltiple.

“Junto a los estudios anteriores, nuestros hallazgos destacan la importancia de seguir con los esfuerzos continuos para desarrollar estrategias preventivas contra el virus EB positivo”, escribieron.

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