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Una representación artística de “Lola”.
Una representación artística de “Lola”.
Ilustración: Tom Björklund.

Un equipo de científicos en Dinamarca han extraído un genoma humano entero de una porción prehistórica de “chicle”. Esta especie de “chicle” de 5.700 años de antigüedad, hecho de alquitrán de árbol abedul, también contenía evidencia de dietas y enfermedades, y está proporcionando una imagen muy interesante y notable de la vida durante los primeros años del Neolítico.

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Lola era una mujer neolítica que vivió en Dinamarca hace unos 5.700 años, cuando la región estaba pasando lentamente de los cazadores recolectores a la agricultura. Tenía los ojos azules, el pelo oscuro y la piel oscura, y estaba relacionada (de forma cercana) con los recolectores y agricultores que vinieron de Europa continental. La dieta de Lola incluía pato y avellanas, y puede haber sufrido la periodonditis en las encías y mononucleosis.

Sabemos esto sobre Lola a pesar del hecho de que sus restos corporales son completamente desconocidos para los arqueólogos y, dado que este período de tiempo data de la prehistoria, no existen registros escritos sobre su vida y la comunidad en la que vivió. Increíblemente, estos amplios detalles han sido obtenidos de una sola pieza de brea de abedul, una especie de chicle antiguo que se produce al calentar la corteza del árbol.

La brea de abedul examinada en el estudio.
La brea de abedul examinada en el estudio.
Imagen: Theis Jensen.
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La brea de abedul, encontrada en Syltholm, en el sur de Dinamarca, estaba tan bien conservada que produjo un genoma humano completo. Anteriormente, los arqueólogos han demostrado que es posible extraer fragmentos de información genética del abedul, pero esta es la primera vez que científicos logran extraer un genoma humano completo. Además, los investigadores, liderados por Hannes Schroeder de la Universidad de Copenhague, Dinamarca, también lograron extraer ADN no humano del remanente gomoso, lo que proporcionó evidencias de la dieta de Lola y los microorganismos que habitaban su boca en el momento en que masticó la brea. Los detalles de este trabajo han sido publicados en Nature Communications.

La brea de abedul ha sido utilizada por los humanos desde el Pleistoceno medio. Esta sustancia pegajosa de color marrón negruzco se utilizó principalmente como pegamento, pero probablemente también sirvió para otros fines. Los primeros humanos probablemente masticaron la sustancia para restaurar su maleabilidad antes de hacer herramientas de piedra, pero también pueden haberlo hecho solo por el placer de masticar “chicle”. La brea podría haber sido utilizada con fines medicinales, como aliviar dolores de dientes u otras enfermedades, como una especie de cepillo de dientes, o para suprimir el hambre.

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Representación artística de “Lola” mostrando los patos y avellanas que formaban parte de su dieta.
Representación artística de “Lola” mostrando los patos y avellanas que formaban parte de su dieta.
Ilustración: Tom Björklund.

La brea de abedul se encontró sellada en lodo, lo que contribuyó a su notable conservación. Theis Jensen, coautor del estudio y postdoctorado en la Universidad de Copenhague, dijo que las cualidades hidrofóbicas de la brea también contribuyeron a la preservación.

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“El ADN del medio ambiente tendría dificultades para penetrar el sustrato”, explicó Jensen en un correo electrónico a Gizmodo. “En general, [los especímenes de brea de abedul] se conservan muy bien, incluso en áreas con suelos muy ácidos”.

Jensen estaba sorprendido por la calidad del ADN extraído de la brea, pero también se encontró muy sorprendido por toda la historia registrada en su interior. Lola, cuya edad no se ha podido determinar, tenía ojos azules, cabello oscuro y piel oscura. Fascinantemente, su linaje se remonta a Europa continental y no a la Escandinavia central.

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“Las características de Lola eran comunes entre los individuos de los cazadores-recolectores occidentales, que vivían en Europa central en ese momento, y más allá”, dijo Jensen.

Como señalaron los autores en el estudio, la piel oscura se ha documentado antes en otros cazadores-recolectores europeos, “lo que sugiere que este [rasgo] estaba muy extendido en la Europa mesolítica, y que la propagación adaptativa de la pigmentación de la piel clara en las poblaciones europeas solo ocurrió más tarde en la prehistoria”.

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Lola también era intolerante a la lactosa, una observación “que se ajusta a la noción de que la persistencia de la lactosa en adultos evolucionó en Europa después de la introducción de la producción lechera con la revolución neolítica”, escribieron los autores en el estudio.

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Además del genoma humano, los investigadores pudieron encontrar ADN perteneciente a plantas y animales, específicamente, avellanas y pato, probablemente la comida consumida por Lola antes de consumir el abedul. Estos alimentos sugieren una dieta de cazadores-recolectores. Además, los arqueólogos no encontraron ninguna evidencia de alimentos domesticados en el lugar de la exploración en Syltholm, lo cual fue una sorpresa dado que data del Neolítico Inicial y el establecimiento de la agricultura. La nueva investigación, por lo tanto, habla de la transición de Dinamarca del mesolítico al neolítico.

“Lo sorprendente es que Lola era básicamente una cazadora-recolectora que vivía en el Neolítico”, dijo Jensen a Gizmodo.

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Jensen dijo que los datos genéticos “también encajan muy bien con los hallazgos en el lugar”, lo que sugiere que “la población en gran medida continuó cazando, recolectando y pescando durante el Neolítico Inicial”, explicó. El cambio a la agricultura, por lo tanto, probablemente fue “un esfuerzo mas ‘colaborativo’ entre los agricultores inmigrantes y los cazadores-recolectores que ya residían ahí” en Dinamarca, dijo Jensen.

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El ADN microbiano extraído del abedul permitió a los investigadores reconstruir el microbioma oral de Lola. Aunque es una muestra de solo un individuo, los resultados son potencialmente indicativos de otros humanos neolíticos que vivieron en la comunidad de Lola. La gran mayoría de los microbios identificados fueron inofensivos, pero los investigadores identificaron Porphyromonas gingivalis, una bacteria relacionada con la periodonditis, el ADN bacteriano asociado con la neumonía y el virus de Epstein-Barr, que causa la mononucleosis.

“No sabemos si [estos microbios] la impactaron de alguna manera”, dijo Jensen. “La mayoría de las bacterias son especies comensales, que bajo circunstancias específicas pueden volverse patógenas. Pero no sabemos si tenía neumonía o fiebre glandular el día que masticó la brea”.

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Es bastante sorprendente lo que estos científicos pudieron obtener de una sola pieza de chicle antiguo. Y, de hecho, la nueva investigación sugiere fuertemente que los arqueólogos deberían estar atentos a artefactos similares. Es posible encontrar pistas de nuestro pasado antiguo y nuestra biología en los lugares más inesperados.

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