Cada copo de nieve encierra una incógnita: ¿cuánta agua liberará cuando se derrita? La respuesta a esta pregunta es crucial para anticipar inundaciones, gestionar sequías y comprender mejor el impacto del cambio climático. Sin embargo, calcular con precisión la cantidad de agua retenida en la nieve ha sido hasta ahora un reto científico. Un innovador enfoque satelital empieza a cambiar las reglas del juego.
Por qué medir la nieve es tan complejo
La variable clave es el equivalente en agua de nieve (SWE), que indica cuánta agua resultaría si esa nieve se fundiera. Su medición es vital porque de ella dependen tanto la planificación agrícola como la seguridad de comunidades expuestas a crecidas repentinas.
El problema es que la nieve es extremadamente variable. Su profundidad cambia incluso a pocos metros de distancia y su densidad evoluciona con el tiempo: ligera y esponjosa al caer, más compacta y húmeda al acumularse en el suelo. Además, el viento la redistribuye formando ventisqueros irregulares. Esta diversidad convierte cualquier intento de mapeo en un desafío técnico de primer orden.
Scientists, start your (snow machine) engines!@NASA’s SnowEx starts its final campaign this week in Alaska’s boreal forests and tundra.
More than three dozen researchers are in the field, measuring different snow conditions and flying instruments over snowy landscapes. ❄️ pic.twitter.com/LnIOpEpVEC
— NASA Earth (@NASAEarth) March 11, 2023
Radar y óptica: la alianza inesperada
Las técnicas de teledetección han avanzado en la última década gracias a misiones espaciales como las impulsadas por la NASA y agencias canadienses. Pero los radares por sí solos no siempre ofrecen precisión, sobre todo en zonas boscosas o de relieve abrupto.
Un nuevo estudio, basado en la campaña SnowEx 2020 en la Sierra Nevada (EE. UU.), probó la utilidad de combinar datos ópticos con mediciones InSAR de radar de banda L. El resultado fue revelador: al integrar ambas fuentes, se reducen de manera significativa los errores en la estimación del SWE, incluso en terrenos complicados.
Jack Tarricone, del Laboratorio de Ciencias Hidrológicas de la NASA, lo resumió con claridad: “Seleccionar los datos correctos y combinarlos es fundamental para obtener resultados fiables. El enfoque multisensorial es el camino para anticipar el comportamiento de la nieve”.
Impacto directo en la prevención de desastres
❄️🛰 DESDE EL ESPACIO:
El desierto de Atacama, el más seco del mundo, cubierto de nieve.
El satélite Meteor-M de la agencia estatal rusa Roscosmos compartió una impresionante imagen del desierto chileno de Atacama. pic.twitter.com/guG3HhPTsp
— arocha (@pueblopatriota) June 27, 2025
La posibilidad de medir con más exactitud la cantidad de agua retenida en la nieve es mucho más que un avance académico. Significa disponer de alertas tempranas más sólidas para mitigar inundaciones, planificar embalses y gestionar sequías. En regiones como los Pirineos, los Alpes o la propia cordillera Cantábrica, esta tecnología podría marcar la diferencia en la seguridad de miles de personas.
De cara al futuro, misiones como NISAR, que será lanzada próximamente, incorporarán estas lecciones para perfeccionar los cálculos de SWE a escala global. Así, lo que hoy es un experimento se perfila como una herramienta imprescindible de gestión climática.
Una ventana al futuro del agua
El hallazgo recuerda que la nieve es mucho más que un fenómeno estacional: es un termómetro del cambio climático y una pieza crítica en el ciclo del agua. Con estas nuevas técnicas, la ciencia se acerca a descifrar mejor sus secretos, aportando no solo conocimiento, sino también soluciones prácticas para un planeta cada vez más vulnerable.
Fuente: Meteored.