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Reino Unido vive estos días inmerso en una crisis de proporciones inciertas. Y no me refiero al Brexit, donde la sensación de hartazgo y las ganas de pasar página entre la población parecen estar muy por encima del nuevo (y desconocido) escenario político y su futura relación con Europa y el resto del mundo.

No, para los británicos no hay nada más sagrado que su monarquía, ya sea para venerarla o para reírse abiertamente de ella. Por eso la decisión del Príncipe Enrique y su esposa Meghan Markle de desvincularse de sus responsabilidades como miembros de la familia real se ha convertido en el tema en todas las tertulias y medios de la nación. El Mexit, como lo han denominado los periódicos más sensacionalistas del país, ha abierto una crisis que va camino de ganar en número de portadas al Brexit, y de paso ha recuperado páginas y páginas de historia de la realeza.

Y por encima de los Duques de Sussex, la figura omnipresente de la reina Isabel II. Curiosamente, ni el díscolo príncipe Andrés, ni su más que extraña relación con el millonario y pedófilo Jeffrey Epstein, han supuesto un quebradero de cabeza como el que le están dando su sobrino Enrique y Meghan. ¿Y si le diera a la Reina por apretar un botón rojo?

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Imagen: AP

Lo cierto es que no hay ni ha existido una monarquía como la británica. Es imposible que alguna se acerque mínimamente a la historia y las páginas que le han dedicado los medios de medio mundo a lo largo de los años. Es más, el hecho de que siga existiendo y se idolatre de esa manera en su país, nos dice mucho del pueblo británico.

Podrías pensar, y seguramente estás en lo cierto, que para qué demonios se necesita a un grupo de personas que, porque nacieron en una familia al azar, automáticamente adquieren un poder y unos privilegios inigualables.

Eso por no hablar del dinero destinado a la familia real. En el Reino Unido es un tanto diferente a otras monarquías, porque en realidad la Casa de los Windsor es, en sí misma, una monumental empresa (de ahí que muchos medios la denominen como The Firm, “la empresa”). ¿La razón? La subvención “soberana” que reciben del contribuyente se divide en varias partidas.

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Imagen: AP

En primer lugar tienen lo que se conoce como Crown Estate (las tierras de la Corona). Básicamente se trata de una inmensa colección de tierras por todo el territorio británico. Un ejemplo: si has acudido a Londres seguramente has paseado por Regent Street y Oxford Street, la zona comercial más conocida de la city. Bien, la gran mayoría de esas propiedades alquiladas a los comercios son de la familia real.

Un patrimonio total que se acerca a los 20.000 millones de euros, y de cuyos beneficios los Winsord se quedan con el 15% anualmente. Además, cuentan con los ingresos del ducado de Landcaster (otro conjunto de propiedades que generan más de 20 millones anuales). Por último podríamos hablar de un patrimonio privado, el de la Reina, tan descomunal que resultaría complicado ponerle cifras exactas.

¿Te parece justo? Da igual, a los británicos sí, al menos a una gran parte de ellos. Y la razón es tan simple como antigua: su papel es estar, y su importancia es la de tener una conexión viva con la historia, aunque esa historia, como veremos a continuación, sea tan loca que nadie se ha atrevido a cambiar las reglas por los siglos de los siglos.

Y es que, si Isabel II quisiera, podría terminar con el Mexit de un carpetazo. Si la Reina se levantara un día en modo Jack Torrance, en teoría podría acabar con la vida de alguno de los Duques de Sussex, o con los dos, y quedar indemne. Porque la reina está por encima de la ley.

O casi.

Si la reina mata a…

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Imagen: AP

¿Está la Reina por encima de la ley? La respuesta en el Reino Unido sigue sin estar clara. Hace unos años, una web de contenido satírico lanzaba un artículo lleno de intención con motivo de la visita de Donald Trump al país. En el mismo, se escenificaba un comunicado ficticio de la oficina de la reina Isabel confirmando su capacidad de acabar con la vida del presidente si así lo veía conveniente.

Por supuesto, no era más que una broma, pero rápidamente aparecieron otros medios generalistas para volver a poner el tema de los poderes de la Reina en el debate público. ¿Podría ser juzgada por un crimen en los tribunales de Reino Unido? Diríamos que no, porque su sistema legal, incluyendo a la propia policía, se basa en la autoridad del monarca en funciones.

Un ejemplo: el liderazgo de la policía de Londres lo designa la propia reina, y los oficiales juran “servir a la reina”, un rompecabezas legal de difícil solución si a la reina se le cruzan los cables. Es más, cualquier caso que aparece en la corte se rige bajo el conocido “La corona contra… “, y se juzgan como tales. Dicho de otro modo, técnicamente, Isabel II es jueza y defensora de la ley, y parece contradictorio que, en el hipotético caso de que la reina cometiera un asesinato, se diera un “La corona contra… la corona”.

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De hecho, un oficial con experiencia explicó hace un tiempo a la televisión LBC que un caso contra la reina no podría ocurrir, incluso en el caso de asesinato. “las autoridades no podrían detener a la reina y en teoría, ella podía hacer lo que quisiera”, decía.

La Reina también es comandante en jefe de las fuerzas armadas británicas. Por tanto, también es la máxima autoridad entre los miembros de las Fuerzas Armadas, quienes hacen un juramento de fidelidad a la Reina y se la considera la máxima autoridad en materia militar.

Pensemos que la Reina cuenta con inmunidad soberana (o de la corona) e inmunidad diplomática, y eso significa que está por encima de la ley para todos los efectos.

Ahora bien, aunque se considera que la reina es la “fuente de la justicia” para sus súbditos, la capacidad de administrarla se distribuye a los jueces de toda Gran Bretaña, a quienes se les otorga el control, aunque como un guiño a su posición como una extensión de la voluntad de la Reina.

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Tampoco puede ser demandada o se puede iniciar un procedimiento civil en su contra, porque goza de esa inmunidad soberana de la que hablábamos, así que no puede ser juzgada en un proceso civil, al igual que tampoco tiene obligación de declarar en audiencia pública ni a ser entrevistada por la policía, obvio por otra parte, porque técnicamente no puede ser arrestada.

Es más, tal y como están redactadas las leyes y normas en el Reino Unido, todos los encarcelados en el país están recluidos “a voluntad de su Majestad”. Dicho de otra forma, la Reina puede perdonar a los delincuentes si así lo desea, lo que significa que, en la hipotética y casi diría que surrealista situación de que la arresten, podría salir de la cárcel diciendo simplemente que la dejaran salir.

En este punto podrías pensar, ¿y no pueden cambiar las leyes? ¿Qué pasa con el Parlamento? Bueno, podrían… si no fuera porque todas las leyes propuestas por el Parlamento requieren lo que se conoce como Royal Assent antes de que puedan ser consagradas en la ley británica. Sí, también tienen que pasar por la monarca. Así que si un día se levanta con ganas de matar, no parece probable que quiera limitar sus propios poderes al Parlamento para que estos luego la metan entre rejas. Por cierto, tiene tanto poder, que si Isabel II quisiera podría cambiar por completo el Parlamento y elegir un grupo nuevo.

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¿Y si abdica? Si consiguen que abdique podrían procesarla por un delito que cometiera… después de abdicar, porque mientras fuera la Reina nada de lo que hace se puede considerar ilegal.

Y si por alguna razón el Parlamento intenta cualquier tipo de revolución, la Reina no tiene más que llamar a las Fuerzas Armadas a que pongan orden, las cuales, y como contamos anteriormente, tienen a su máxima autoridad en la figura de Isabel II.

Por supuesto, esto no es más que la teoría, y sabemos que nunca va a pasar nada con Meghan, Harry o, incluso con Donald Trump. Si has visto la tres temporadas de The Crown en Netflix te puedes hacer una ligera idea de la personalidad de una monarca única en la historia del país, una figura que casi siempre ha servido a la nación por encima de su propia familia en la toma decisiones. La Reina está para lo que se necesite, pero lo hace aceptando un papel secundario de voluntad propia.

Como dicen los británicos, God Save the Queen, pero que se anden con ojo que Isabel podría hacer un verdadero Mexit a las bravas. Dios (o la misma reina) no lo quiera.

Y como quizás te has quedado con ganas de más...

Hechos de la monarquía británica que probablemente desconocías

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Imagen: Nixon y la familia real en el Buckingham Palace (Dominio público)
  • Isabel II cuenta con cuatro títulos del Guinness World Record.
  • ¿Qué pasa con el himno “God save the Queen” cuando, en vez de una reina, hay un rey? Cuando el monarca británico es varón, el himno se transforma en God Save the King (dios salve al rey), ocurre que Isabel II lleva tanto tiempo en el trono que la mayoría nos hemos olvidado que así era la versión original.
  • La reina Isabel II es la monarca reinante más longeva de la historia británica.
  • Ningún monarca británico ha entrado físicamente en la Cámara de los Comunes desde 1642. El último fue Carlos I, cuando irrumpió en la Cámara de los Comunes, un evento que finalmente condujo a una guerra civil.
  • Una de las tradiciones de la apertura del Parlamento se produce cuando la Reina envía a su representante (el conocido como Black Rod) para invitar a la Cámara de los Comunes a la Cámara de los Lores para la apertura. ¿Qué ocurre? Que cierran la puerta en las narices de Black Rod, quien tiene que tocar para entrar:
  • Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, primer rey normando de Inglaterra y antepasado de todos los monarcas ingleses/británicos desde entonces, nació bastardo.
  • Isabel II ha tenido un gran amor (además de Felipe), y esos son los perros Corgi. Desde que ascendió al trono en 1952, la reina ha tenido más de 30 Corgis, todos descendientes de su primer Corgi, Susan.
  • De hecho, o como consecuencia de ello, la reina tiene su propio cementerio privado para mascotas en su propiedad de Sandringham, Norfolk. Allí hay enterrados una treintena de perros.
  • La coronación de Isabel II fue la primera y única televisada.
  • Todos los monarcas coronados ingleses y británicos desde el siglo XIV, excepto la reina María II, han usado la misma silla para la coronación.
  • Isabel II técnicamente posee todos los cisnes no reclamados en aguas abiertas en Inglaterra y Gales.
  • También posee todos los delfines del Reino Unido gracias a un estatuto de 1324.
  • La dirección en la que se enfrenta la cabeza del monarca en las monedas británicas se alterna de derecha a izquierda con cada monarca sucesivo.
  • El 9 de septiembre de 2015, Isabel II se convirtió en la monarca más longeva de la historia de las monarquías.
  • La primera vez que un monarca británico reinante pisó Estados Unidos fue en junio de 1939. Roosevelt le dio la bienvenida al rey Jorge VI sirviéndole un Hot Dog. Se denominó la “Cumbre del Hot Dog”.
  • El rey Jorge II de Gran Bretaña fue el último monarca británico en dirigir personalmente a sus tropas a la batalla.
  • La reina Isabel II cuenta con un cajero privado en el sótano del Palacio de Buckingham, cortesía del banco Coutts.
  • El ejército británico no tiene “Royal” en su nombre (a diferencia de otras fuerzas armadas británicas) porque se formó en el interregno cuando Reino Unido no tenía monarca.
  • Los monarcas ingleses y británicos continuaron reclamando el trono francés desde 1340 hasta 1801, después de que Francia se convirtiera en una república.
  • La reina Victoria fue el primer monarca británico en ser fotografiado.
  • Un dato sobre la longevidad de la realeza británica. Desde 1760 solo ha habido nueve monarcas.
  • Isabel II no es solo la monarca británica, también es la reina de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, entre otras.
  • ¿Hemos dicho ya que Isabel II cuenta con una colonia de murciélagos? Estos se encuentran en los alrededores del Castillo de Balmoral.
  • Hasta 2015 un monarca británico no podía casarse con un católico romano.
  • La reina Isabel II cuenta con su propia bandera personal, que representa una letra E coronada en un círculo de rosas, sobre un fondo azul marino. La familia real puede optar por usarla en cualquier edificio o vehículo en el que la Reina se encuentre o viaje.

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