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Ciencia

La reproducción de bebés en el espacio: ¿qué tan probable es según los expertos?

Si queremos colonizar el espacio habrá que resolver el tema de la reproducción.
Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Si de veras la humanidad espera colonizar el sistema solar, entonces hay que resolver un obstáculo que puede ser mayor al de cualquier desafío tecnológico: la reproducción humana fuera de la Tierra. Es una idea que tal vez suene a ciencia ficción, pero un grupo de expertos dice que saber cómo proteger la salud reproductiva de los astronautas e incluso cómo hacer bebés en el espacio, son temas urgentes y muy reales.

En un informe que se publicó el martes en Reproductive BioMedicine Online, los expertos argumentan que este es el momento para construir un marco general que gobierne la salud e investigación reproductiva en el espacio. A medida que se extiendan tanto la distancia como la duración de las misiones humanas al espacio, los riesgos que representa eso aumentarán y con ello se verán afectadas la fertilidad, la salud de los gametos y el desarrollo embrionario.

“Aunque en este momento no estamos proponiendo la reproducción en el espacio, resulta esencial prepararnos para los riesgos que enfrentará la fertilidad a medida que crezca el renovado interés en las misiones a la luna y la exploración de Marte”, le dijo a Gizmodo en un e-mail el autor principal del trabajo Giles Palmer, embriólogo clínico y director ejecutivo de la Iniciativa IVF Internacional. “La reproducción en el espacio es una idea lejana, pero se requiere planificación proactiva para resolver los problemas biológicos, éticos y de salud que pudieran surgir”.

 Los riesgos de los vuelos espaciales sobre la reproducción

Como el cuerpo humano ha evolucionado aquí en la Tierra, su sintonía fina opera dentro de las condiciones ambientales de nuestro planeta. Por eso el espacio es totalmente incompatible con nuestra biología y fisiología.

La radiación y la microgravedad son dos de los mayores riesgos para la salud reproductiva de los astronautas. “La radiación en el espacio puede dañar el ADN, interrumpir la formación de gametos, y representan riesgos de cáncer. La microgravedad interfiere con la regulación de las hormonas, la calidad de los gametos y el desarrollo embrionario”, explicó Palmer.

Hay otros riesgos inherentes al entorno espacial como el polvo tóxico del regolito lunar o marciano, los recursos limitados y la contaminación química o microbiana dentro de la nave espacial, y todo eso puede afectar la salud de la madre y del feto, añadió. Estar en el espacio también puede afectar el ritmo circadiano, lo que lleva a desequilibrios hormonales y reduce la fertilidad, además de inducir a un estrés psicológico que podría impedir la función reproductiva.

“En el largo plazo la exposición prolongada a estas condiciones podría causar daño reproductivo acumulativo y riesgos heredables como cambios epigenéticos que alteran la expresión de los genes y potencialmente afectan la fertilidad y la salud de los futuros hijos”, dijo Palmer.

La búsqueda de un camino seguro y ético

Antes de que los científicos puedan ocuparse de estos riesgos, necesitan responder a algunas dudas como por ejemplo el hecho de que en animales los estudios demostraron que la exposición a la radiación en el corto plazo perturba los ciclos menstruales y aumenta el riesgo de cáncer. Pero la revisión de Palmer encontró pocos datos confiables al respecto en los astronautas que regresaron de misiones espaciales en el largo plazo.

Aunque los datos brindados por mujeres que volaron en las misiones del Transbordador Espacial de la NASA indicaron que las tasas de embarazo y complicaciones no se vieron afectadas, hasta ahora los pocos datos que hay provienen de hombres y mujeres que volaron en misiones largas. Por eso hace falta nueva evidencia “que guíe las estrategias terapéuticas, preventivas y diagnósticas en entornos extraterrestres”, escribieron los autores del informe.

Los estudios futuros deberían buscar mayor información sobre la forma en que los riesgos de espacio afectan las diversas etapas del proceso reproductivo, según Palmer y sus colegas. El nuevo conocimiento ayudará a la ciencia a desarrollar estrategias más efectivas para proteger la salud reproductiva de los astronautas con contramedidas médicas para la radiación y métodos de preservación de la fertilidad.

“Las tecnologías de reproducción asistida avanzan gracias a la automatización, la IA y las herramientas no invasivas, y eso constituirá la clave para su uso en el espacio, junto con el establecimiento de lineamientos claros y éticos que prioricen el consentimiento informado, la transparencia, la equidad de género y la protección de los futuros hijos”, afirmó Palmer.

Destaca la importancia de estos lineamientos éticos en momentos en que la humanidad amplía su alcance más allá de la Tierra y considera la reproducción humana en el espacio. Pero hay que dejar en claro que los científicos no piensan en enviar a mujeres embarazadas al espacio para su investigación, ni nada de eso. Utilizarán entornos simulados y modelos no humanos para estudiar los riesgos de los vuelos espaciales, explicó Palmer.

“Entrar en esta nueva frontera de la investigación implica que hay que actuar ahora para establecer un marco internacional y una junta de ética que abarque a toda la industria”, dijo. Así, no solo se asegura el desarrollo seguro de la investigación, sino que se salvaguarda la responsabilidad y la transparencia para el futuro de la humanidad, que busca establecer una presencia sostenida más allá de la Tierra.

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