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La ropa usada: el desastre ambiental silencioso que amenaza los humedales sin que nadie lo note

Una investigación revela cómo toneladas de ropa desechada por marcas británicas terminan contaminando santuarios naturales en Ghana, generando impactos irreversibles en el ecosistema y la salud pública.
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En el corazón de África Occidental, uno de los humedales más importantes del continente está siendo invadido por montañas de ropa usada. Lo que comenzó como una aparente solución para reutilizar textiles, ha desencadenado una crisis ambiental con consecuencias alarmantes. Una investigación reciente expone cómo grandes marcas de moda trasladan su contaminación a territorios vulnerables sin asumir responsabilidades.

Un paraíso natural convertido en vertedero

El Delta del Densu, una zona Ramsar protegida cerca de Acra, en Ghana, ha sido invadido por toneladas de ropa desechada proveniente del Reino Unido. Marcas reconocidas como Marks & Spencer, George at Asda y Next están entre las responsables del problema. A orillas de ríos y dentro de reservas naturales se acumulan prendas también de H&M, Primark y Zara.

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© Youtube – BBC Español

Estos textiles, lejos de representar ayuda o comercio justo, terminan en vertederos ilegales, sin tratamiento ni control, afectando directamente a los ecosistemas locales. En lugar de ser reutilizadas, muchas prendas son basura desde su llegada: aproximadamente el 40% no tiene utilidad ni valor comercial.

Ghana, el basurero invisible de la moda

En 2024, el Reino Unido exportó más de 57.000 toneladas de residuos textiles a Ghana, un récord histórico. Cada semana, alrededor de 15 millones de prendas usadas llegan a su territorio. La mayoría proviene de países del hemisferio norte, que optan por exportar su problema en lugar de solucionarlo internamente.

El vertedero de Kpone, financiado en 2013 por el Banco Mundial y planeado para durar diez años, colapsó en cinco. Las fibras sintéticas acumuladas generaron un incendio que se prolongó durante ocho meses. Desde entonces, nuevos basurales surgieron de manera espontánea, incluso dentro de áreas ecológicamente protegidas.

Ecosistemas en riesgo inminente

Entre los nuevos puntos de acumulación se identificaron tres focos críticos: dos dentro del Delta del Densu y otro en la cuenca alta del río. Estos espacios, sin preparación ni protección ambiental, están poniendo en peligro hábitats de aves acuáticas, manglares y tortugas marinas como la olivácea, la laúd y la verde.

Los pescadores locales denuncian una drástica reducción en la cantidad de peces, redes atascadas con ropa y agua contaminada que ya no sirve para beber ni para el riego. El impacto ambiental ya se percibe con fuerza en la vida diaria de las comunidades.

Contaminación química y amenazas a la salud

El análisis de Greenpeace África determinó que cerca del 90% de estos residuos están hechos de materiales sintéticos como poliéster y nailon. Estas fibras liberan microplásticos y sustancias tóxicas como los PFAS, conocidos por su persistencia y sus efectos nocivos en la salud humana.

Los PFAS pueden afectar el sistema hormonal, provocar alteraciones celulares y acumularse en el organismo con consecuencias crónicas. A su vez, la quema de ropa —una práctica común para reducir el volumen de residuos— libera partículas contaminantes que deterioran la calidad del aire en las comunidades cercanas.

¿Es posible revertir el desastre?

Aunque la situación es crítica, aún existen salidas viables para evitar que el colapso ambiental se agrave. Algunas de las soluciones más prometedoras incluyen:

  • Reciclaje textil avanzado: separación de fibras para su reutilización industrial.

  • Economía circular: fomentar el consumo local y la reparación en lugar del descarte.

  • Producción con energías limpias: reducir el impacto ambiental desde el origen.

  • Trazabilidad tecnológica: uso de blockchain para garantizar la responsabilidad de las marcas sobre sus productos incluso después de la venta.

La industria de la moda necesita una transformación profunda. Sin normativas firmes y sin un compromiso real de las marcas, los vertederos textiles seguirán creciendo, muchas veces ocultos, pero siempre destructivos.

Una urgencia que no puede esperar

El daño causado en el Delta del Densu es una alerta para el mundo entero. El modelo de consumo desmedido y de producción irresponsable debe cambiar. La responsabilidad recae tanto en quienes producen como en quienes consumen. Comprar, desechar y olvidar ya no puede ser la norma.

Transformar el sistema textil en uno sostenible no es solo deseable, es imprescindible. La moda no puede seguir vistiéndose de indiferencia mientras en África los humedales se tiñen de basura.

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