La exploración lunar está a punto de dar un nuevo salto. La NASA acaba de lanzar una convocatoria global para diseñar las ruedas del próximo rover del programa Artemis, conocido como Lunar Terrain Vehicle (LTV). Más allá de un simple detalle técnico, el reto marcará la diferencia entre recorrer unos pocos kilómetros o multiplicar el alcance de los astronautas en la superficie lunar.
El desafío de moverse en un mundo hostil
Diseñar una rueda para la Luna no se parece a nada que se use en la Tierra. El regolito, ese polvo fino y abrasivo que cubre la superficie, unido a temperaturas que van de los −220 °C a los 121 °C, pone a prueba cualquier material. A esto se suma la gravedad reducida, apenas un sexto de la terrestre, que cambia por completo el comportamiento de la tracción y la carga.
Los neumáticos tradicionales de caucho quedan fuera de juego: no resisten el entorno lunar. La NASA busca propuestas radicales que combinen ligereza, durabilidad y flexibilidad. La meta no es menor: lograr ruedas capaces de soportar distancias más largas, velocidades de hasta 24 km/h y operaciones continuas durante semanas, muy por encima de lo que lograron los rovers del Apolo en 1972.

Una competencia con etapas claras
El concurso, denominado oficialmente “Rock and Roll with NASA”, se abrió el 28 de agosto de 2025 y recibirá propuestas hasta el 4 de noviembre del mismo año. Un jurado especializado seleccionará los diez diseños finalistas en diciembre. En 2026 se desarrollarán dos fases de pruebas, que culminarán en julio con una demostración en vivo en el Centro Espacial Johnson de Houston.
El premio total asciende a 155.000 dólares y, más allá de la recompensa económica, los equipos podrán probar sus ruedas en el rover de ensayo MicroChariot, enfrentándose a circuitos que imitan las condiciones lunares.
De Apolo a Artemis: la movilidad como clave
Los responsables del programa recuerdan que, durante las misiones Apolo, los rovers triplicaron el alcance de los astronautas respecto a lo que podían cubrir a pie. Ahora, con Artemis, la movilidad se vuelve aún más estratégica. Cada kilómetro adicional permitirá recoger más datos, explorar nuevas áreas y avanzar en la construcción de una presencia humana sostenible en la Luna.

El concurso no solo busca soluciones técnicas: también abre la puerta a la creatividad global, desde estudiantes hasta empresas emergentes. La NASA lo resume en una frase: “Reimaginar la rueda para que se mueva más rápido y funcione más tiempo que cualquier otra creada hasta ahora”.
Mirando al futuro
El horizonte está marcado por 2030, cuando el LTV acompañará a la misión Artemis V. Para entonces, las ruedas que hoy solo existen como idea podrían estar recorriendo la superficie lunar. El desafío es, en esencia, un llamado a la innovación colectiva para superar los límites de la ingeniería y preparar el camino hacia Marte.
Fuente: Infobae.