Durante los últimos años, el magnesio ha ganado fama como un suplemento milagroso para combatir el insomnio, calmar la ansiedad e incluso mejorar el estado de ánimo. Pero ¿hasta qué punto se justifica esta reputación? Investigaciones recientes ponen bajo la lupa sus verdaderos efectos sobre el cuerpo y revelan que, si bien puede ser útil en ciertos casos, no es la panacea que muchos prometen.
Mucho más que una moda viral
El magnesio se ha vuelto protagonista en redes sociales, pero no por capricho: es un micronutriente esencial implicado en más de 300 funciones del organismo. Regula la presión arterial, fortalece los huesos, controla el azúcar en sangre y favorece la absorción de vitamina D. No es de extrañar que su déficit, aunque poco frecuente, pueda afectar la salud física y mental.
Para adultos, las cantidades recomendadas van de 310 a 360 mg diarios en mujeres y entre 400 y 420 mg en hombres. Aunque la deficiencia clínica no es común, muchos no alcanzan los niveles ideales. La buena noticia es que puede obtenerse fácilmente de alimentos como espinacas, frutos secos, aguacate, chocolate negro o incluso palomitas de maíz.

¿Puede realmente calmar la ansiedad?
Algunos estudios recientes sugieren que el magnesio puede ser útil para aliviar síntomas leves de ansiedad, especialmente en personas con bajos niveles de este mineral. De hecho, una revisión de 2024 encontró que cinco de siete investigaciones respaldaban algún beneficio en este sentido.
Sin embargo, la falta de estudios consistentes y de gran calidad impide sacar conclusiones rotundas. Como explica el psiquiatra Gregory Scott Brown, se necesita más evidencia para considerar el magnesio una herramienta terapéutica sólida. Aun así, en casos leves puede ser un buen complemento, sobre todo cuando la ansiedad no requiere medicación fuerte.
¿Y qué pasa con el sueño?
Aunque muchas personas toman magnesio para dormir, la ciencia es más escéptica al respecto. Algunos ensayos clínicos han mostrado mejoras modestas —como quedarse dormido unos minutos antes—, pero no se han observado cambios relevantes en la duración o calidad global del sueño.
Los expertos coinciden en que el magnesio puede ser útil si el insomnio está vinculado a ansiedad leve, pero no es un tratamiento universal. Como señala el especialista en sueño Muhammad A. Rishi, la mayoría de quienes lo consumen para dormir lo hacen sin supervisión médica ni evidencia suficiente.

Cómo tomarlo (si decides probarlo)
No todos los suplementos de magnesio son iguales. El glicinato de magnesio es de los más recomendados para la ansiedad por su buena absorción y menor efecto laxante. En cambio, el citrato y el óxido suelen utilizarse como laxantes o para otras dolencias, con menor efectividad sobre el sistema nervioso.
Los expertos aconsejan empezar con dosis bajas (100 mg) y aumentarlas progresivamente, prestando atención a posibles efectos secundarios como somnolencia, presión arterial baja o malestar digestivo. En todo caso, no se deben superar los 350 mg diarios en suplementos, y es fundamental consultar a un médico si se toman otros fármacos, ya que pueden producirse interacciones peligrosas.
El magnesio puede ofrecer beneficios reales, pero dentro de un marco específico: ansiedad leve, insomnio leve o dietas con carencias. No es una solución mágica, pero bien empleado —y con supervisión médica— puede ser un buen aliado para el equilibrio emocional y el descanso. En un mundo que busca alivio inmediato, la clave podría estar en algo tan básico como un mineral bien dosificado.
Fuente: Infobae.