Foto: Pixabay

Se acerca Halloween y miles de personas lo celebran poniendo una l√°mpara hecha con una calabaza a la puerta de su casa. Pocos, sin embargo, saben que esta simp√°tica tradici√≥n se remonta a la Irlanda del siglo XVII, a la fat√≠dica noche en la que un herrero llamado Jack quiso enga√Īar al diablo y perdi√≥.

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La leyenda de Stingy Jack se pierde en las profundidades del folklore celta. De hecho, la propia fiesta de Halloween (una contracción de la expresión All Hallows’ Evening o víspera de todos los santos) ya se celebraba mucho antes de que llegara la tradición de tallar caras siniestras en calabazas. Halloween es uno de los tres días de fiesta con los que la iglesia trató de cristianizar la celebración pagana del Samhain.

La noche del Samhain, las barreras entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos se vuelven m√°s finas y los esp√≠ritus caminan por la Tierra. Una de las formas en la que estas almas de los difuntos se manifiestan es en forma de peque√Īas llamas que pueden verse al anochecer en lugares como pantanos y cementerios. Hoy sabemos que esas llamitas azuladas se deben a peque√Īas nubes de gas procedentes de materia en putrefacci√≥n que arden brevemente al oxidarse, pero en el Siglo XVII, los fuegos fatuos se llamaban Will O‚ÄôWisps o Jack O‚Äô Lanterns, e inspiraban tanto temor como leyendas. Una de estas leyendas cuenta precisamente el terrible destino de un hombre llamado Stingy Jack.

El herrero que se burló del diablo

Ilustración: The Stranger Bookshelf

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Stingy Jack era un herrero (seg√ļn otras versiones era un simple ladr√≥n) que una noche sali√≥ a beber con el mism√≠simo diablo. Despu√©s de muchos tragos, el taca√Īo de Jack no quer√≠a pagar la cuenta, as√≠ que convenci√≥ al diablo para que se convirtiera en moneda. El diablo as√≠ lo hizo, pero Jack se guard√≥ la moneda en el bolsillo junto a una cruz de plata que impidi√≥ al diablo recuperar su forma original. Tras usar la moneda varias veces, Jack dej√≥ ir al diablo con la promesa de que no se llevar√≠a su alma al infierno.

En otras versiones de la historia, Jack convence al diablo para que se suba a un √°rbol a recoger unas manzanas. Cuando el diablo las hace caer, Jack dibuja una cruz en el tronco del √°rbol para impedirle bajar y se lleva la fruta. De nuevo, el herrero deja ir a Belceb√ļ tras hacerle prometer que no se lo llevar√° al infierno.

Cuando Jack murió, San Pedró le negó la entrada al cielo por sus muchos pecados. El alma de Jack viajó entonces al infierno pero el diablo, fiel a su promesa, también se negó a dejarle entrar, condenándole a vagar por el mundo para toda la eternidad. Cuando Jack, aterrado, se quejó de que no podía encontrar el camino en la oscuridad, el diablo le arrojó un ascua del infierno para que se iluminara. El ascua quemaba, así que Stingy Jack talló un nabo que llevaba consigo y metió el ascua dentro. Desde entonces su espíritu atormentado vaga por la tierra como Jack O’ Lantern, Jack el de la linterna.

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Del nabo a la calabaza

Dos Jack O’ Lanterns tradicionales en un nabo y una remolacha. Foto: Wikipedia

En el siglo XVII, los irlandeses y escoceses celebraban halloween encendiendo peque√Īas l√°mparas en las entradas a sus casas para que ahuyentaran a los malos esp√≠ritus y a las almas perdidas como la de Stingy Jack. En las zonas rurales tallaban nabos, remolachas o patatas con caras siniestras y met√≠an una peque√Īa vela en su interior.

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La costumbre de tallar calabazas no lleg√≥ a Estados Unidos hasta el siglo XIX de la mano de varias oleadas de colonos irlandeses. Sin embargo, no est√° claro c√≥mo se pas√≥ de los nabos a las calabazas. Probablemente fueran m√°s abundantes en Estados Unidos y m√°s f√°ciles de tallar. El relato de 1820 Sleepy Hollow escrito por Washington Irving ya hac√≠a referencia a una calabaza como se√Īal caracter√≠stica del jinete sin cabeza. Con todo, la primera referencia no literaria a las calabazas de Halloween data de 1834. Desde entonces la tradici√≥n no solo no ha cesado, sino que se ha extendido a todo el mundo.