Investigar cómo pensamos y actuamos suele ser un proceso largo, caro y lleno de obstáculos prácticos. Pero un grupo de investigadores de Stanford y Chicago está probando un atajo polémico: pedirle a una inteligencia artificial que imite a personas reales. Los primeros resultados son prometedores, aunque no están exentos de riesgos y limitaciones importantes.
El experimento: simular humanos con inteligencia artificial
En lugar de convocar voluntarios, preparar encuestas y esperar semanas, algunos investigadores están usando grandes modelos de lenguaje (LLM) como GPT-4 para simular respuestas humanas. El objetivo no es sustituir a las personas, sino probar hipótesis de forma más rápida y económica antes de lanzarse al trabajo de campo real.
El atractivo es evidente: las ciencias sociales, desde la psicología a la economía, requieren datos que son costosos y difíciles de obtener. Con IA, se pueden predecir reacciones a campañas, políticas o mensajes, y ajustar los experimentos antes de invertir recursos.

Resultados que sorprenden… y preocupan
Un equipo liderado por Luke Hewitt replicó 476 experimentos previos con humanos utilizando GPT-4. La correlación entre resultados reales y simulados alcanzó 0,85, incluso en estudios posteriores al entrenamiento del modelo.
Sin embargo, los modelos muestran menos variedad y contradicciones que las personas reales. En juegos y pruebas, tienden a respuestas más predecibles, lo que limita su capacidad para reflejar la diversidad humana. Además, pueden cometer errores de razonamiento, reproducir sesgos o responder para “quedar bien”, algo que en la vida real es mucho más complejo y matizado.
Un enfoque híbrido como posible solución
Algunos expertos proponen combinar datos humanos y artificiales. Por ejemplo, usar primero un grupo reducido de personas para validar las respuestas del modelo. Si la correlación es alta, se amplía la muestra incorporando la IA, ahorrando tiempo y dinero.

David Broska, sociólogo en Stanford, resume la idea: “Ahora tenemos dos tipos de datos: uno humano y caro, otro artificial y barato. Lo ideal es aprovechar ambos con cuidado”.
El futuro: promesa y cautela
La posibilidad de que una IA simule a las personas abre nuevas vías para la investigación social y la toma de decisiones en ámbitos como la salud pública, la política o el marketing. Pero también exige un debate profundo sobre sus límites, sesgos y posibles abusos.
Porque, por mucho que avance la tecnología, si el objetivo es comprender a las personas, los datos reales siguen siendo insustituibles.
Fuente: Meteored.