Al final, es posible que las personas que crees que son importantes o¬†influencers¬†en las redes sociales sean en realidad personas normales y corrientes. Lo √ļnico que les hace ‚Äúdiferentes‚ÄĚ a ti son sus millones de seguidores. Solo hay un problema con eso: son falsos.

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Una investigaci√≥n de The New York Times publicada este fin de semana ha dado una mirada profunda al funcionamiento de la influencia en Internet. Hoy en d√≠a, la posesi√≥n de un p√ļblico masivo en Internet le proporciona a las personas y entidades la oportunidad de ganar mucho dinero. Esta nueva industria ha dado luz a millones de cuentas falsas ‚ÄĒ o, como dice el Times, ‚Äúsoldados fantasma‚ÄĚ ‚ÄĒ gestionadas por bots en las redes sociales.

La investigaci√≥n del peri√≥dico se centra en una empresa, Devumi, que ha ganado millones de d√≥lares por la venta de cuentas falsas. Devumi le vende seguidores a celebridades, pol√≠ticos, empresas y cualquiera que quiere aparecer m√°s popular en Internet, seg√ļn la investigaci√≥n.

Tiene un inventario de por los menos 3.5 millones de cuentas falsas, la mayoría vendidas una y otra vez. Devumi le ha proporcionado a sus clientes con más de 200 millones de seguidores en Twitter.

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La investigación también reveló otro detalle alarmante: Devumi muchas veces roba información, fotos y ubicación geográfica de usuarios reales para crear sus cuentas falsas. Adicionalmente, la empresa vende seguidores a precios absurdamente bajos. El Times compró 25.000 seguidores en Twitter por $225, o aproximadamente un céntimo cada uno.

El actor John Leguizamo que supuestamente ha comprado seguidores de Devumi. Imagen: AP

Algunas de las personas que supuestamente tienen o han comprado seguidores de Devumi incluyen el actor John Leguizamo; Michael Dell, el CEO de Dell; Ray Lewis, el locutor de f√ļtbol americano y antiguo jugador profesional; Louise Linton, la esposa del secretario de comercio estadounidense, Steven Mnuchin; Len√≠n Moreno, el presidente de Ecuador; Lane Fox, un miembro del parlamento brit√°nico y miembro del consejo de Twitter; y James Cracknell, un remador ol√≠mpico, entre otros.

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Con respecto a la presencia de estas cuentas en las redes sociales, seg√ļn ciertas estimaciones, es posible que 48 millones de cuentas de Twitter sean falsas. Facebook le inform√≥ a sus inversores en noviembre que podr√≠a tener hasta 60 millones de cuentas falsas.

Las razones que dieron las personas que compraron los seguidores eran variadas. En entrevistas con el Times, algunos dijeron que compraron seguidores porque tenían curiosidad sobre cómo funcionaba el proceso. Otros afirmaron que estaban bajo presión para conseguir seguidores para ellos mismos o para sus clientes. También había personas que afirmaron que lo hacían porque todo el mundo compraba seguidores.

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Aunque algunos dijeron que creían que Devumi estaba proporcionando seguidores reales, otros sospecharon o sabían que estaban comprado cuentas falsas.

‚ÄúEs un fraude‚ÄĚ, le dijo el remador Cracknell, que compro 50.000 seguidores, al peri√≥dico. ‚ÄúLas personas juzgan a otros por cuantos ‚Äėme gusta‚Äô o cuantos seguidores tienes. No es algo saludable‚ÄĚ.

Por otro lado, tambi√©n es problem√°tico desde un punto de vista empresarial. Las empresas pagan a las personas con muchos seguidores para promocionar sus productos, deseando alcanzar a los millones de seguidores de ese individuo. Las redes sociales en s√≠ tambi√©n utilizan el n√ļmero de seguidores para recomendar contenido que creen que es ‚Äúpopular‚ÄĚ.

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Est√° claro que los seguidores falsos no son nada nuevo. Todos saben que existen. Pero en los √ļltimos meses nos hemos dado cuenta del alcance y el impacto que tienen en la vida real.

Despu√©s de la publicaci√≥n del art√≠culo del Times, el fiscal de Nueva York anunci√≥ que estaba investigando a Devumi. Seg√ļn el fiscal, Eric Schneiderman, la falsificaci√≥n de identidad y el enga√Īo son ilegal bajo la ley de Nueva York.

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[The New York Times]