La forma en la que habitamos nuestras ciudades ha cambiado más de lo que imaginamos. Un equipo internacional de investigadores ha analizado miles de horas de grabaciones urbanas, separadas por décadas, y ha descubierto transformaciones sutiles pero profundas en nuestra manera de caminar, de detenernos… y de encontrarnos con los demás. Lo que parecía cotidiano es, en realidad, una revolución silenciosa.
De plazas vivas a pasillos de tránsito
En los años 80, las aceras y parques de ciudades como Nueva York, Boston o Filadelfia eran auténticos escenarios de socialización espontánea. Cuatro décadas después, esos mismos lugares funcionan más como corredores: se camina más deprisa y se permanece menos tiempo.

Según el estudio, publicado en PNAS, la velocidad media de los peatones ha aumentado un 15 %, mientras que la permanencia en el espacio público se ha reducido a la mitad. Los investigadores, entre ellos el arquitecto Carlo Ratti del MIT, señalan que “el espacio público ha perdido su carácter de punto de encuentro y ahora es un lugar de paso”.
El auge del móvil y el refugio de las cafeterías
Uno de los factores clave del cambio está en nuestro bolsillo: el teléfono móvil. La posibilidad de coordinar encuentros o mantener conversaciones desde cualquier lugar ha desplazado parte de la interacción que antes ocurría cara a cara en la calle.
Además, la proliferación de cafeterías ha ofrecido nuevos refugios para el encuentro social. En 1980 apenas existían, pero hoy concentran gran parte de las reuniones que antes tenían lugar en plazas o escalinatas. “Las personas han trasladado su vida social al interior de espacios privados, más cómodos y controlados”, explica la coautora Arianna Salazar-Miranda.

Menos encuentros, más soledad urbana
Otro hallazgo relevante es la caída de los encuentros espontáneos. El porcentaje de peatones que se unían a un grupo bajó de un 5,5 % en 1980 a solo un 2 % en 2010. Aunque el número de personas que camina sola no ha cambiado significativamente, el modo en que nos relacionamos sí lo ha hecho: menos improvisación, más planificación.
El equipo de Ratti está ampliando su investigación a ciudades europeas. Su objetivo: ayudar a diseñar espacios que vuelvan a fomentar el encuentro humano. Porque, como concluyen los autores, “quien transforma el espacio público, transforma también la forma en la que convivimos”.
Fuente: Infobae.