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Las conchas del mar podrían cambiar el hormigón: la solución inesperada para reducir el CO₂ de la construcción

El hormigón es imprescindible para las ciudades modernas, pero su impacto climático es enorme. Un nuevo estudio propone una alternativa tan simple como sorprendente: reutilizar conchas marinas para sustituir parte del cemento. El resultado promete edificios más sostenibles sin sacrificar resistencia estructural.

Antes de pensar en coches eléctricos o energías renovables, conviene mirar hacia los cimientos de nuestras ciudades. El sector de la construcción es uno de los grandes responsables de las emisiones globales, y el cemento es su principal talón de Aquiles. Ahora, una investigación universitaria plantea una idea inesperada: aprovechar residuos marinos para fabricar un hormigón más limpio y circular.

El cemento, un gigante silencioso de las emisiones

El cemento Portland es uno de los materiales más utilizados del planeta y, al mismo tiempo, uno de los más contaminantes. Su producción implica la calcinación de caliza a temperaturas extremas, un proceso que libera enormes cantidades de dióxido de carbono.

Según datos consolidados, el cemento es responsable de cerca del 8% de las emisiones globales de CO₂. Reducir su impacto se ha convertido en una prioridad científica y tecnológica, especialmente en un contexto de crecimiento urbano acelerado.

Conchas marinas: de residuo costero a recurso estructural

Un estudio de la Universidad de East London, publicado en Construction Materials, analizó el uso de polvo de conchas de vieira como sustituto parcial del cemento en mezclas de hormigón. Estas conchas, abundantes en la industria pesquera, suelen terminar en vertederos o en las costas, generando problemas ambientales.

Las conchas del mar podrían cambiar el hormigón: la solución inesperada para reducir el CO₂ de la construcción
© FreePik

Su composición, rica en carbonato de calcio, es muy similar a la de la caliza utilizada en el cemento convencional. Esto las convierte en una materia prima ideal para su reutilización a gran escala dentro de un modelo de economía circular.

Menos CO₂ sin perder funcionalidad

Los investigadores ensayaron distintas mezclas, sustituyendo entre un 15% y un 30% del cemento por polvo de concha, además de utilizarlo como material de relleno. Los resultados fueron claros: las emisiones de carbono del hormigón se redujeron hasta un 36% en comparación con una mezcla tradicional.

En términos prácticos, esto supone evitar hasta 119 kilos de CO₂ por cada metro cúbico de hormigón producido, una cifra nada despreciable si se aplica a infraestructuras de gran escala.

¿Y la resistencia? La clave está en el equilibrio

Uno de los grandes interrogantes era si este hormigón alternativo mantendría su resistencia estructural. El estudio mostró que, con un reemplazo moderado del 15%, el material conserva una resistencia a compresión similar a la del hormigón convencional.

Las conchas del mar podrían cambiar el hormigón: la solución inesperada para reducir el CO₂ de la construcción
© FreePik

Además, los análisis microestructurales revelaron una mejora en la densidad interna del material y una reducción de la porosidad, factores que favorecen la durabilidad y la resistencia a la corrosión. Solo en niveles más altos de sustitución se observó una pérdida significativa de resistencia.

Una solución sencilla con potencial global

Más allá de los resultados técnicos, el valor de esta propuesta reside en su simplicidad. Convertir un residuo abundante en un recurso constructivo permite reducir emisiones, aliviar la presión sobre vertederos y avanzar hacia materiales de construcción más sostenibles.

Como concluyen los autores, incluso una adopción parcial de este tipo de hormigón podría tener un impacto ambiental significativo. A veces, las soluciones al cambio climático no están en tecnologías futuristas, sino en aprender a reutilizar lo que ya tenemos frente al mar.

Fuente: Infobae.

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