Las grandes ciudades suelen crecer sobre capas de historia que permanecen invisibles hasta que una obra las saca a la luz. En Málaga, una intervención moderna ha destapado un descubrimiento que nadie anticipaba. Bajo una calle transitada, el subsuelo escondía un capítulo completo del pasado romano de la ciudad, obligando a detenerse, investigar y repensar el equilibrio entre progreso y conservación.
Un hallazgo inesperado en pleno trazado urbano
Durante las obras de prolongación del Metro de Málaga hacia el nuevo hospital, en la calle Hilera, los trabajos sacaron a la luz un conjunto funerario de época romana cuya existencia no estaba documentada. El descubrimiento fue confirmado por la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, que reaccionó con una resolución específica para garantizar su correcta excavación y protección.
El hallazgo se produjo a lo largo de casi 400 metros lineales del tramo Guadalmedina-Hilera. En ese espacio apareció una necrópolis correspondiente al Alto y Bajo Imperio romano, con cronología situada entre los siglos II y IV después de Cristo. Se trata de un conjunto de gran extensión y complejidad, que no figuraba en las referencias históricas conocidas de la ciudad.
Un territorio que no figuraba en los mapas históricos
Hasta ahora, la presencia romana en esta zona de Málaga se asociaba principalmente al área del Perchel Norte. De hecho, los estudios previos sostenían que el sector comprendido entre las calles Calvo, Hilera y la avenida de Andalucía había sido ganado al mar en época musulmana, lo que explicaba la ausencia de restos funerarios romanos.
El descubrimiento contradice esa interpretación y abre un nuevo escenario de investigación. Los arqueólogos plantean ahora la posibilidad de que esta zona formara parte de un área suburbana conectada con la ciudad romana, quizá vinculada a una vía de salida o una vía sepulcral, como era habitual en los núcleos urbanos del Imperio.
Cientos de enterramientos y rituales bien conservados
Las excavaciones arqueológicas, desarrolladas entre los meses de mayo y agosto y continuadas en los últimos meses del año, permitieron identificar un total de 274 enterramientos. El ritual predominante es la inhumación, con ajuares escasos, algo habitual en este periodo histórico.
Los cuerpos aparecen mayoritariamente enterrados en fosas cubiertas con tegulas colocadas de forma horizontal, una técnica funeraria muy extendida en época romana. Junto a este tipo, se han documentado tumbas de bastidor, mensas funerarias delimitadas con mortero, fosas simples, enterramientos con osario y sepulturas infantiles, algunas de ellas en ánforas completas o fragmentadas.
Una diversidad funeraria que habla de la comunidad
La variedad tipológica de las tumbas ofrece una valiosa información sobre la comunidad que utilizó esta necrópolis. También se han localizado recintos funerarios construidos con mampostería y cimentaciones de cantos rodados, algunos de ellos en un estado de conservación notable.
Esta diversidad sugiere una utilización prolongada del espacio y una organización funeraria compleja, compatible con una población asentada en las inmediaciones durante varias generaciones. Cada tumba aporta datos no solo sobre la muerte, sino también sobre las creencias, la estructura social y las condiciones de vida de la época.
Nuevas medidas para profundizar en la investigación
Ante la magnitud del hallazgo, la Consejería de Cultura ha ordenado ampliar la excavación arqueológica en extensión. El objetivo es aplicar metodologías más exhaustivas, incorporando una perspectiva interdisciplinar que combine arqueología y antropología física para obtener una valoración completa del conjunto.
La resolución contempla la excavación individualizada de cada complejo funerario, el uso de maquinaria específica para la retirada de sedimentos y la recopilación de información adicional que permita evaluar el valor patrimonial del yacimiento con mayor precisión.

Protección y puesta en valor del legado romano
Uno de los puntos clave del plan es la priorización de aquellas tumbas y restos anatómicos que presenten un mejor estado de conservación o un mayor grado de monumentalidad. Estos elementos serán protegidos, extraídos y trasladados para su futura puesta en valor.
La Junta prevé que los restos más singulares formen parte del espacio museístico asociado a las obras del metro, concretamente en la futura estación Guadalmedina. De este modo, el hallazgo no quedará oculto en informes técnicos, sino que podrá integrarse en el relato histórico accesible a la ciudadanía.
Impacto directo en el calendario del metro
La aplicación de estas medidas correctoras afecta de manera directa al desarrollo de las obras en el tramo comprendido entre los puntos kilométricos 0+110 y 0+500. La siguiente fase del proyecto, que incluía la ejecución de la losa de cubierta del túnel, queda condicionada a la finalización de las actuaciones arqueológicas.
Este ajuste en el calendario refleja una apuesta clara por compatibilizar el desarrollo de infraestructuras con la conservación del patrimonio histórico, una línea de actuación que ya ha tenido precedentes en Málaga.
Una ciudad que sigue descubriéndose bajo tierra
Las obras del Metro de Málaga ya habían revelado en el pasado restos de gran valor, como los vestigios del antiguo arrabal musulmán de Attabanim durante la extensión hacia el centro histórico. Este nuevo hallazgo refuerza la idea de que el subsuelo de la ciudad conserva aún capítulos enteros por descubrir.
Bajo una obra moderna, Málaga acaba de recuperar una parte esencial de su memoria romana. Y lo que hoy obliga a detener una excavación, mañana puede convertirse en una nueva forma de entender la historia viva de la ciudad.
[Fuente: La Razón]