Ya está programado el lanzamiento al espacio de una de las misiones más ambiciosas de la humanidad. Será en unos 11 años más. LISA (Laser Interferometer Space Antenna) podría revolucionar nuestro entendimiento del universo al detectar ondas gravitacionales. El intrépido proyecto es posible gracias a los avances de la ciencia, y su construcción habrá llevado décadas.
El Telescopio Espacial Hubble redefinió cómo veíamos el universo, y lo mismo está haciendo el Telescopio Espacial Webb. En la próxima década un ambicioso telescopio espacial sin precedentes continuará con el legado pero lo hará de formas jamás imaginadas por su capacidad de detectar fenómenos como las ondas gravitacionales.
Por qué importan las ondas
Nuestro universo está repleto de ondas gravitacionales, que son casi imperceptibles en el espacio-tiempo, generadas por los movimientos de los objetos con mayor masa, las estrellas de neutrones, y los agujeros negros. Las ondas viajan a la velocidad de la luz pero no son luz. Aunque, al igual que los campos gravitacionales que rodean a los objetos de mayor masa, sí pueden deformarla y revelan su presencia sólo a los científicos más atentos que tengan equipos de alta sensibilidad.
En 2016 el Observatorio LIGO y colaboraciones de Virgo, anunciaron las primeras detecciones de estas sutiles ondas que extienden y encogen el tejido del universo al emanar de sus gigantescas fuentes. Hasta hoy, la red LIGO-Virgo-KAGRA ha detectado más de 100 ondas gravitacionales.
Las ondas gravitacionales ofrecen mucha información sobre los sistemas que las generan, ayudando a los científicos a revisar los catálogos de posibles tamaños, entornos y mecánica de los agujeros negros y estrellas de neutrones.
Han pasado casi 10 años desde las primeras detecciones de LIGO que confirmaron las ondas gravitacionales como característica del universo, tal como lo había predicho Albert Einstein un siglo antes. Sin embargo, años antes de esas detecciones LISA ya estaba en desarrollo, demostrada primero en papel por el fallecido Pete Bender, físico de JILA hace ya más de 30 años. A finales de la década de 1990 el complejísimo emprendimiento empezó a tomar forma, y la ESA le dio su aprobación formal en enero.
Un proyecto imposible
“LISA es tan complicado que cuando se propuso nadie creyó que sería posible”, dijo Ewan Fitzsimons, investigador del Centro de Tecnología de la Astronomía del Reino Unido del Observatorio Real del Edimburgo y principal investigador de la contribución de hardware del RU a LISA, durante una videollamada con Gizmodo. Fitzsimons ha estado involucrado en LISA desde hace 18 años, y hoy trabaja en los bancos ópticos de la misión.
Los brazos de rayos láser de LISA medirán 2,5 millones de kilómetros de largo. El diámetro del sol es de 1,39 millones de kilómetros, lo que significa que cada uno de los brazos de LISA será más largo que el ancho del sol.
LISA no tendrá las limitaciones de trabajar desde nuestro planeta.
