Un alimento con historia, tradición y prestigio internacional acaba de verse envuelto en una delicada crisis sanitaria que ha puesto en alerta a consumidores y autoridades europeas. La detección de una bacteria peligrosa en un queso emblemático plantea interrogantes sobre la seguridad alimentaria y reabre un antiguo debate sobre los métodos de producción.

Un producto con denominación y un problema inesperado
El queso manchego, símbolo indiscutido de la gastronomía española, se ha convertido en el protagonista de una alerta alimentaria de alto riesgo en Europa. A pesar de contar con una Denominación de Origen Protegida (DOP) y de tener presencia destacada en mercados como Japón y Estados Unidos, una de sus versiones ha sido retirada de las góndolas belgas por la presencia de Listeria monocytogenes.
El lote afectado pertenece al “Manchego Entrepinares” y fue distribuido por la firma Cordier Food Group en Bélgica. La Red de Alerta Alimentaria Europea (RASFF) y la Agencia de Seguridad Alimentaria de Bélgica (FAVV) han catalogado el incidente como una amenaza seria para la salud pública. El lote B95613, con fecha de caducidad 28/04/2025, fue retirado de forma inmediata, solicitando a los compradores no consumirlo y devolverlo para su reembolso.
Este hecho se suma a una serie de episodios recientes que afectan a la seguridad alimentaria del continente, como la detección de fragmentos de caucho en conservas vegetales provenientes de Países Bajos. En conjunto, estos casos subrayan la necesidad urgente de reforzar los controles en toda la cadena de suministro.
Listeria: una amenaza silenciosa
Listeria monocytogenes es una bacteria que habita naturalmente en el ambiente, pero que puede infiltrarse en alimentos, especialmente los derivados de leche cruda. Su resistencia a temperaturas bajas y su capacidad de proliferar incluso en refrigeración la convierten en un peligro difícil de erradicar.
La infección que provoca, la listeriosis, puede pasar desapercibida en personas sanas, pero representa una amenaza seria para embarazadas, recién nacidos, adultos mayores y personas con sistemas inmunológicos comprometidos. En casos extremos, puede derivar en septicemia o meningitis si no se trata con rapidez.
El uso de leche sin pasteurizar, aunque realza sabores tradicionales, incrementa los riesgos. En varios países, su uso está regulado o directamente prohibido para ciertos productos, por razones de seguridad.

Cómo protegerse ante una alerta de este tipo
Para los consumidores, las recomendaciones son claras: leer con atención etiquetas y fechas de caducidad, evitar productos lácteos no pasteurizados si se pertenece a un grupo de riesgo, calentar bien los alimentos preparados y mantener una correcta higiene alimentaria en casa.
Mientras tanto, las autoridades siguen investigando el foco de la contaminación. Aunque aún no se han confirmado casos clínicos relacionados con el queso implicado, el episodio deja en evidencia los retos permanentes que enfrenta la industria alimentaria para preservar la confianza del público sin descuidar la excelencia en sabor y tradición.
Fuente: National Geographic.