Medio siglo después de su estreno, Tiburón sigue siendo uno de los grandes clásicos del cine de suspense. Pero su legado no es solo cinematográfico: la película moldeó durante generaciones una percepción equivocada sobre los tiburones. Ahora, con nuevas investigaciones y voces expertas, ha llegado el momento de replantearnos todo lo que creíamos saber sobre estos animales.
La película que convirtió a un pez en villano
El impacto cultural de Tiburón fue inmediato. La banda sonora ominosa, las escenas de ataques inesperados y ese clímax en el que el escualo arrasa con el barco, marcaron a millones de espectadores. Muchos, incluso, evitaron el mar durante años.

El propio autor Glenn Hodges recuerda cómo, con apenas nueve años, soñó que un tiburón le perseguía por su casa tras ver la película. Lo curioso es que, aunque no dejó de bañarse, el miedo a un ataque repentino permaneció. Esta fobia, compartida por tantos, no nació de la experiencia real, sino de una poderosa narración audiovisual diseñada para generar angustia.
Y funcionó: la figura del gran tiburón blanco se consolidó como el monstruo marino por excelencia.
El gran desconocido del océano
Pese a su fama, el gran tiburón blanco es un enigma. Se conocen más de 500 especies de tiburones, pero el cine ha centrado su atención en una sola. Pixar, por ejemplo, lo eligió como antagonista en Buscando a Nemo, ignorando especies más frecuentes o pacíficas.
El biólogo marino Charlie Sarria defiende que el problema está en nuestra percepción. Los tiburones no son despiadados asesinos, sino piezas fundamentales del ecosistema marino. Incluso se ha observado que cazan en grupo y usan la inteligencia para capturar presas.
Y aunque cueste creerlo, todavía no se ha grabado a uno apareándose ni pariendo. Su biología sigue llena de incógnitas.

Miedo o respeto: cómo convivir con un tiburón
La mayoría de los ataques no son ataques como tal, sino respuestas de defensa. El tiburón actúa por instinto, no con malicia. La oceanógrafa Gádor Muntaner, especialista en escualos, insiste en que el respeto es clave. Mantener la calma, evitar movimientos bruscos y nadar en grupo son estrategias eficaces.
Y si el tiburón se muestra demasiado curioso, conviene salir del agua. Como recuerda Sarria, no se trata de imponerse, sino de aceptar que estamos en su territorio.
Los tiburones no son monstruos de celuloide: son criaturas complejas que necesitan ser comprendidas, no temidas.
Fuente: National Geographic.