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Lo que tus ojos callan: el color de la esclerótica podría romper un viejo mito evolutivo

Un nuevo estudio desafía la idea de que el blanco del ojo humano es universal y exclusivo de nuestra especie. Lo que hasta ahora parecía una evidencia de nuestra evolución social podría estar basado en una muestra incompleta y sesgada. ¿Qué nos están ocultando nuestros propios ojos?

Durante años se creyó que el blanco visible de nuestros ojos era una señal distintiva de la evolución humana, vinculada a nuestra capacidad para comunicarnos y cooperar. Pero recientes investigaciones han puesto en duda esta teoría al demostrar que ni el color de la esclerótica ni su uniformidad son tan universales como se pensaba. Lo que parecía una ventaja evolutiva podría ser simplemente una visión parcial.

El mito del “ojo humano colaborativo”

La hipótesis del ojo colaborativo, formulada por el psicólogo Michael Tomasello, sugiere que desarrollamos una esclerótica clara para facilitar el seguimiento de la mirada y, con ello, la cooperación y la comunicación. Esta idea se apoya en la comparación con otros primates, cuyos ojos —en teoría— tienen menor contraste entre el iris y la esclerótica.

Sin embargo, al revisar críticamente esta teoría y sus bases empíricas, investigadores han demostrado que los ojos humanos no son tan únicos como se afirmaba. Utilizando mediciones digitales, se encontró que la esclerótica clara es solo un punto dentro de un espectro de pigmentaciones presentes en primates. De hecho, no es la más clara en todos los casos.

Lo que tus ojos callan: el color de la esclerótica podría romper un viejo mito evolutivo
© Ron Lach – Pexels

La diversidad del ojo humano no es la excepción, sino la norma

Investigaciones recientes intentaron rescatar la hipótesis original proponiendo que lo realmente distintivo de nuestros ojos no es la claridad en sí, sino la homogeneidad de esta característica a nivel global. Pero un análisis más profundo pone en duda esa suposición: la mayoría de estudios se basaron en personas de origen urbano y eurasiático, ignorando la amplia diversidad de poblaciones humanas en zonas ecuatoriales, rurales o indígenas.

En estos grupos, se ha documentado una variedad mucho mayor en el color de la esclerótica: desde blanca y uniforme hasta marrón oscuro con pigmentación irregular. No hay aún estudios que cuantifiquen esta diversidad, pero asumir una apariencia homogénea como norma universal resulta simplista y engañoso.

Un problema más amplio: el sesgo en la ciencia

Este error no es exclusivo de los estudios oculares. En medicina, por ejemplo, se ha tomado el cuerpo masculino como modelo estándar, con consecuencias graves para las mujeres. El caso de Paula Upshaw, quien no fue tratada a tiempo durante un infarto por subestimar sus síntomas, es solo un ejemplo entre muchos.

La falta de diversidad en las muestras científicas lleva a modelos biológicos y evolutivos inexactos. Si la ciencia quiere representar fielmente a la humanidad, debe incluir toda su complejidad y diversidad.

Fuente: TheConversation.

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