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Ciencia

Lo que yace bajo nuestros pies: Descubren montañas ocultas más altas que el Everest

A casi 2.000 kilómetros bajo la superficie terrestre, los científicos han detectado gigantescas montañas que superan cien veces la altura del Everest. Formadas hace miles de millones de años, estas colosales estructuras podrían cambiar lo que creíamos sobre la historia interna de la Tierra.
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Mientras el Monte Everest sigue siendo el símbolo máximo de altura en la superficie terrestre, un descubrimiento reciente revela que lo más imponente de nuestro planeta podría estar mucho más abajo, oculto en las profundidades del manto terrestre. Dos formaciones gigantescas, invisibles para el ojo humano, acaban de salir a la luz… gracias a la ciencia.

Más allá del Everest: Montañas ocultas a 1930 kilómetros bajo tierra

Lo que yace bajo nuestros pies: descubren montañas ocultas más altas que el Everest
© iStock.

Un equipo de científicos ha descubierto dos formaciones gigantescas en el interior de la Tierra, y lo asombroso no es solo su existencia, sino su tamaño: más de 1.000 kilómetros de altura cada una, es decir, alrededor de cien veces más que el Monte Everest.

Estas «montañas» se encuentran a 1.930 kilómetros de profundidad y fueron localizadas mediante el análisis de ondas sísmicas generadas por terremotos. La forma en que estas ondas se propagan por el planeta permite detectar irregularidades en la estructura del manto terrestre, y fue así como se dio con estas enormes estructuras.

Conocidas como Grandes Provincias de Baja Velocidad Sísmica (LLSVPs, por sus siglas en inglés), se ubican bajo África y el océano Pacífico. Lo llamativo es que, además de su altura descomunal, están compuestas por un material denso y extremadamente antiguo que no se comporta como el resto del manto terrestre.

¿Montañas inmóviles desde el inicio de la Tierra?

Lo que yace bajo nuestros pies: descubren montañas ocultas más altas que el Everest
© iStock.

Este hallazgo cambia radicalmente lo que se creía sobre el interior del planeta. Durante años, los geólogos sostuvieron que el manto terrestre es una capa en constante movimiento y transformación, donde el calor y los materiales circulan sin cesar.

Pero estas montañas profundas parecen ser diferentes: podrían llevar allí más de 4.000 millones de años, es decir, desde el origen mismo de la Tierra. Su estabilidad y su densidad hacen pensar que son remanentes de los primeros tiempos del planeta, estructuras que han resistido cambios colosales sin alterarse.

Además, presentan temperaturas más altas que el material que las rodea, lo cual añade aún más misterio a su comportamiento y a su rol dentro de la dinámica del planeta. ¿Son depósitos de antiguos materiales del núcleo? ¿Actúan como aislantes? ¿Están relacionadas con la formación de continentes o con supervolcanes?

El Everest se queda pequeño: Una comparación inevitable

A modo de referencia, el Monte Everest alcanza los 8.848,86 metros sobre el nivel del mar. En lengua tibetana, su nombre es Chomolungma, «Madre del universo», y desde su primera medición en 1841 ha sido el pico más alto conocido.

Sin embargo, frente a las formaciones descubiertas en el manto terrestre, el Everest queda pequeño. Las LLSVPs superan los 1.000 kilómetros de altura. Aunque no pueden verse ni escalarse, su existencia cambia la escala de lo que entendemos por «montaña».

Lo invisible que transforma nuestra visión del planeta

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El hallazgo, publicado en la revista Nature, no es solo una curiosidad geológica. Tiene el potencial de reescribir capítulos enteros sobre la formación de la Tierra, los orígenes del planeta y la evolución de sus capas internas.

Estas montañas ocultas podrían contener pistas sobre antiguos continentes destruidos, restos del choque que formó la Luna o el registro de ciclos térmicos milenarios. En todo caso, su sola presencia nos recuerda que aún sabemos muy poco de lo que ocurre bajo nuestros pies.

Mientras miramos al cielo buscando respuestas, tal vez las preguntas más antiguas estén guardadas, inmóviles, en las profundidades de la Tierra.

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