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Ciencia

Los faraones de la dinastía XI ya no eligieron pirámides. Prefirieron tumbas saff, patios colosales y un detalle insólito: un perro enterrado junto al rey

En plena crisis política, Egipto abandonó las pirámides para excavar tumbas en la roca tebana. Con patios de cientos de metros, pilares tallados y cámaras ocultas, las tumbas saff marcaron un cambio radical en la arquitectura funeraria. Entre ellas, un faraón quiso descansar con un compañero inesperado.
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El esplendor de las pirámides parecía inmutable, pero el derrumbe del poder faraónico obligó a los monarcas a reinventar su forma de buscar la eternidad. En el Primer Período Intermedio surgieron las tumbas saff: hipogeos con fachadas de múltiples puertas, patios colosales y un simbolismo que mezclaba lo político, lo religioso y hasta lo íntimo.

Del final de las pirámides al inicio de las saff

Cuando Egipto dejó de levantar pirámides y empezó a horadar montañas: las tumbas saff y el enigma de sus puertas infinitas
© Rüdiger Stehn.

Tras el colapso del Reino Antiguo hacia 2160 a.C., construir mastabas y pirámides dejó de ser posible. La montaña tebana ofrecía un refugio seguro y majestuoso. Allí nacieron las tumbas saff, cuyo nombre árabe significa “con muchas puertas”. Sus alineaciones de accesos y pilares daban la sensación de un corredor sin fin, marcando una ruptura con la tradición piramidal.

Una arquitectura que imponía respeto

El diseño se iniciaba con un gran patio abierto, delimitado por muros y presidido por estelas funerarias. La fachada excavada, con pilares cuadrados, conducía a la capilla interior donde los sacerdotes realizaban ofrendas diarias para alimentar el alma del difunto. Desde allí, un pasillo descendía hasta el pozo que ocultaba la cámara funeraria, guardiana del sarcófago y su ajuar.

Los Intef y sus cortejos eternos

Cuando Egipto dejó de levantar pirámides y empezó a horadar montañas: las tumbas saff y el enigma de sus puertas infinitas
© kairoinfo4u.

La dinastía XI llevó este modelo a una escala monumental. Los faraones Intef construyeron patios de 300 metros de longitud por 75 de ancho, rodeados de tumbas subsidiarias para cortesanos y altos funcionarios. En conjunto, más de 250 personas acompañaron a los monarcas en su descanso eterno, convirtiendo la necrópolis tebana en un escenario político y espiritual sin precedentes.

Entre la solemnidad y lo íntimo

El arqueólogo francés Auguste Mariette halló en el siglo XIX una estela en la tumba de Intef II donde aparece retratado junto a sus perros de caza. Documentos posteriores de la dinastía XX confirmaron un detalle extraordinario: el rey fue enterrado con uno de ellos, Behkai, a sus pies. Entre la monumentalidad de la piedra, un gesto íntimo sobrevivió a milenios, recordando que incluso los faraones buscaban compañía en la eternidad.

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