Mucho antes de que los monjes etíopes del siglo 9 descubrieran que el fruto de la planta de café les permitía permanecer despiertos durante sus oraciones nocturnas (al menos eso dice la leyenda), las comunidades del sudeste de Asia ya mascaban nueces de betel, que son las semillas de la palmera de areca, un estimulante que eleva el nivel de alerta, energía, euforia y relajación. Sin embargo, un nuevo trabajo de investigación indica que mascar nueces de betel es una práctica mucho más antigua.
Al estudiar la placa dental de personas de la edad de bronce en Tailandia un equipo de investigadores sugiere que consumían este estimulante hace ya 4.000 años. Con esto, preparan el camino para futuras investigaciones de conductas en la antigüedad, ante la ausencia de evidencia arqueológica tradicional.
“Identificamos derivados vegetales en la placa dental de una asepultura de 4.000 años en Nong Ratchawat, Tailandia”, declaró Piyawit Moonkham arqueólogo antropológico de la Universidad Chiang Mai y primer autor del trabajo que se publicó en Frontiers in Environmental Archaeology. La placa dental o sarro se vuelve duro con el tiempo y forma cálculos dentales. “Es la evidencia directa biomolecular más antigua del uso de la nuez de betel en el sudeste asiático”.
Moonkham y sus colegas analizaron 37 muestras de cálculos dentales de seis individuos de Nong Ratchawat, sitio arqueológico de la edad de bronce de Tailandia central. El equipo también produjo sus propias muestras de líquido de betel para investigar las interacciones entre ingredientes, asegurando que su análisis detectara con precisión los compuestos psicoactivos.
Lo que utilizaron

“Usamos nueva de betel seca, pasta de piedra caliza rosada, hojas de betel Piper y a veces corteza de Senegalia catechu y tabaco. Molimos los ingredientes junto con saliva humana para replicar las condiciones del masticado”, explicó Moonkham. “Los materiales y el ‘mascado’ experimental de las nueces de betel para crear muestras auténticas fue un proceso divertido e interesante”. El bolo de betel es resultado de mezclar la nuez de betel o de areca junto con otros ingredientes, como los mencionados más arriba. Hay que señalar que el uso continuo de nueces de betel puede ser riesgoso porque eventualmente causaría cáncer de boca y enfermedades cardíacas.
El análisis del equipo reveló trazas de arecolina y arecaidina en tres de las muestras, todas de la misma persona. Son compuestos orgánicos presentes en las nueces de betel, y también en el café, el té y el tabaco, y pueden tener un impacto significativo en la fisiología de la persona. Es decir que el mascado de betel es una práctica que probablemente existía hace ya 4.000 años.
“En esencia, desarrollamos una forma de hacer visible o invisible, revelando conductas y prácticas que se habían perdido hace 4.000 años”, dijo Shannon Tushingham, autora del trabajo y curadora adjunta de antropología de la Academia de Ciencias de California. Además, “la presencia de compuestos de nueces de betel en los cálculos dentales sugiere un consumo repetido porque esos residuos se incorporaron a los depósitos de placa mineralizada a lo largo del tiempo debido a la exposición regular”.
Si bien el mascado continuo del jugo de betel suele manchar los dientes, los investigadores no identificaron manchas de ese tipo. Sugieren que podría deberse a diferentes métodos de consumo, a antiguas prácticas de higiene dental, o a procesos que impidieron que las manchas perduraran a lo largo de 4.000 años. Tampoco encontraron evidencia que indicara que la sepultura de la persona fuera especial en comparación con las otras. Esa evidencia tal vez podría haber brindado datos de la razón por la que la persona consumía nueces de betel.

“Las plantas psicoactivas, medicinales y ceremoniales a menudo se descartan como drogas, pero representan milenios de conocimiento cultural, prácticas espirituales, e identidad comunitaria” concluyó Moonkham. “La evidencia arqueológica puede informar discusiones contemporáneas al honrar el profundo legado cultural que hay tras esas prácticas”.