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Ciencia

Los investigadores quedaron atónitos: el único insecto de la Antártida está comiendo algo que no debería comer

Los hallazgos señalan que el material fue hallado cerca del Polo Sur, advierten.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Para sobrevivir al intenso frío de la Antártida los residentes nativos se visten con capas de piel con pelo y grasa. Por otra parte, una mosquita sin aguijón solo cuenta con un blando cascarón para protegerse, pero quizá eso dice bastante sobre lo resistente que es la única especie nativa de insectos de este lugar, según los investigadores. Y además parece capaz de digerir microplásticos.

Belgica antárctica es una mosquita que tiene el tamaño de un grano de arroz. Los insectos suelen habitar el musgo y las algas, descomponiendo los materiales de las plantas secas y reciclando nutrientes en el suelo congelado. Sin embargo, un estudio reciente publicado en Science of the Total Environment descubrió la presencia de microplásticos en las mosquitas, lo que sugiere que la contaminación aumenta en una de las regiones más remotas de la Tierra.

“La Antártida tiene un nivel de plásticos mucho menor al del resto de planeta, y eso es una buena noticia”, dijo Jack Devlin, autor principal del estudio y entomólogo de la Universidad de Kentucky, en declaraciones. “Pero ahora podemos decir que entramos en el sistema, en niveles lo suficientemente elevados como para empezar a cambiar el equilibrio energético del insecto”.

Una mosquita muy fuerte

El experimento en parte se inspiró en un trabajo anterior que había detectado fragmentos de plástico en la nieve y el agua del mar en la Antártida, proveniente de la actividad humana en las bases de investigación y los barcos. Como las mosquitas viven descomponiendo material, los investigadores quisieron ver si estarían expuestas a los microplásticos.

“Soportan el frío extremo, el clima seco, el alto nivel de sal, los amplios cambios de temperatura y la radiación UV”, explicó Devlin. “¿Las protege esa resistencia de un nuevo factor de estrés como los microplásticos? ¿O las vuelve vulnerables a algo que no vieron jamás?”.

El proyecto tuvo dos fases. Primero los investigadores expusieron en el laboratorio a las mosquitas a diferentes cantidades de microplásticos durante 10 días, con el seguimiento de cambios que se produjeran en la salud de los insectos. Se sorprendieron al ver que el metabolismo de los insectos casi no cambiaba, y que a simple vista “parecían estar bien”, afirmó Devlin.

La única vez que las mosquitas consumieron los trocitos de microplástico fue en los niveles de más alta concentración, indican en su trabajo. Pero su tasa de supervivencia no disminuyó ni siquiera entonces, aunque las larvas más jóvenes del experimento no lograban reservar tanta grasa.

Plásticos en el Polo Sur

Luego el equipo se preparó para los experimentos de campo en la Antártida, y recogieron larvas de mosquita de 20 lugares en 13 islas. Ya en el laboratorio diseccionaron a las larvas – miden unos 5 milímetros – y analizaron su contenido digestivo buscando señales de plástico. De las 40 larvas analizadas el equipo solo encontró dos fragmentos de microplásticos.

“Nuestro estudio sugiere que en este momento los microplásticos no inundan a estas comunidades de suelo”, señaló Devlin. Pero podría tratarse de una “advertencia temprana” de que los microplásticos lentamente se están filtrando hacia la Antártida.

Dicho esto, las mosquitas no tienen depredadores terrestres conocidos, lo que significa que el plástico que ingieran no pasaría por la cadena alimentaria. Tampoco se sabe todavía si los microplásticos afectarán a las larvas en el largo plazo ya que hay restricciones ambientales que impiden que los experimentos se extiendan demasiado, según afirman los autores. Sin embargo, el interés en este tema no debe decaer, dijo Devlin.

“La Antártida nos brinda un ecosistema simple para que formulemos preguntas muy puntuales”, añadió. “Si prestamos atención ahora, tal vez aprendamos lecciones que puedan aplicarse mucho más allá de las regiones polares”.

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