Foto: Kevin Frayer (Getty)

Si te gusta el dubstep y la música electrónica, este va a ser tu verano. Un equipo de entomólogos examinó los efectos de la canción Scary Monsters and Nice Sprites de Skrillex en los mosquitos hembra y descubrió que no solo se reproducen menos cuando están expuestos a ese ruido: también chupan menos sangre.

Tienes los detalles en este estudio publicado por la revista Acta Tropica. En los insectos, las vibraciones de baja frecuencia facilitan las interacciones sexuales, mientras que el ruido interrumpe la percepción de las señales de sus congéneres, en este caso mosquitos macho que intentan armonizar su vuelo con las hembras para aparearse con ellas.

Los investigadores querían probar si la música alta serviría de alternativa a los insecticidas, así que dejaron sin comer a varias hembras de Aedes aegypti (el principal vector del dengue) durante 12 horas y las encerraron con un macho virgen para tener relaciones sexuales y un hámster para alimentarse.

Los mosquitos fueron divididos en grupos de diez. Unos fueron expuestos a la canción de Skrillex durante diez minutos y otros no (los científicos eligieron Scary Monsters and Nice Sprites porque su volumen excesivo y su tonalidad en aumento la convertía en la candidata ideal para generar ruido).

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A pesar de que habían pasado 12 horas sin comer, los mosquitos que escucharon Skrillex estaban demasiado distraídos por las vibraciones para buscar comida. Mientras que los que estaban en silencio tardaron una media de 30 segundos en lanzarse al hámster y chuparle la sangre, los que estaban expuestos a la música tardaron entre 2 y 3 minutos en llegar, y no todos llegaron a picarlo.

Los mosquitos que volaron con Skrillex también tuvieron cinco veces menos relaciones sexuales que los mosquitos que volaron en silencio. Los investigadores creen que la música agresiva les impidió sincronizar su aleteo.

En dos estudios anteriores, se demostró que los insectos que comen hojas se distraen si están expuestos a un oscilador de audio y que los escarabajos comen menos áfidos si escuchan Back in Black de AC/DC. El problema es que, en algunos contextos, no es una canción sonando en un laboratorio sino la contaminación acústica lo que altera el comportamiento de los insectos.