Saltar al contenido
Ciencia

Los músicos se concentran mejor en medio del ruido: el MIT revela cómo su cerebro filtra las distracciones

Un estudio del MIT y del Instituto Karolinska, publicado en Science Advances, demuestra que la formación musical potencia la atención en entornos ruidosos. Con magnetoencefalografía y melodías superpuestas, los investigadores descubrieron que los cerebros musicales filtran mejor lo irrelevante y mantienen el foco, gracias a un control atencional más eficiente.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La musicalidad como escudo contra el ruido

Escuchar atentamente una voz o melodía en medio del bullicio es un desafío cotidiano: el llamado “efecto fiesta”. Sin embargo, para quienes tienen formación musical, esta tarea parece mucho más sencilla.
Una investigación conjunta entre el McGovern Institute del MIT y el Karolinska Institutet revela por qué: la musicalidad refuerza los mecanismos cerebrales que filtran el ruido y amortiguan las distracciones.

El estudio, publicado en Science Advances, utilizó magnetoencefalografía (MEG) y aprendizaje automático para observar cómo el cerebro selecciona un sonido entre varios estímulos superpuestos. Los resultados muestran que los músicos no solo oyen mejor, sino que procesan de forma más inteligente.


El experimento: dos melodías, una mente atenta

Los participantes escucharon dos melodías simultáneas, una grave (modulada a 39 Hz) y otra aguda (43 Hz). En algunos ensayos, las notas alternaban en el tiempo; en otros, se solapaban por completo, obligando al cerebro a elegir cuál seguir.
Tras cada secuencia, las personas debían indicar si la melodía objetivo había terminado subiendo, bajando o manteniendo el tono.

Mediante un sistema de frequency tagginguna especie de “etiquetado” neuronal por frecuencia—, los investigadores entrenaron un modelo de IA que podía identificar a cuál melodía estaba prestando atención cada participante.
El rendimiento del clasificador, expresado como AUC (área bajo la curva), sirvió como medida de la capacidad de enfoque auditivo: cuanto más alto el valor, más sintonizado estaba el cerebro con la melodía relevante.

Los músicos se concentran mejor en medio del ruido: el MIT revela cómo su cerebro filtra las distracciones
© Thirdman – pexels

El mapa cerebral de la atención

Los datos revelaron que las respuestas auditivas seguían con alta fidelidad la modulación de cada melodía. En los participantes con formación musical, el cerebro mostraba una coordinación más precisa entre regiones sensoriales y áreas de control.
La atención automática (bottom-up) se concentró en el giro temporal superior derecho, mientras que la atención voluntaria (top-down) activó el lóbulillo parietal inferior izquierdo, clave para mantener el foco.

“La musicalidad se asocia con un cerebro más eficiente para resaltar lo relevante y apagar lo superfluo”, explica Cassia Low Manting, investigadora del MIT y autora principal del estudio.

Según los científicos, este patrón indica que los músicos equilibran dos fuerzas neuronales: un “acelerador” de atención voluntaria y un “freno” de distracción automática. En la práctica, logran sintonizar con la información útil y reducir los estímulos que interrumpen.


Más allá del oído: un control mental afinado

El nivel de musicalidad —medido con el cuestionario Gold-MSI— se correlacionó directamente con el desempeño en la tarea.
Quienes obtuvieron puntuaciones más altas no solo distinguieron mejor las melodías, sino que también mostraron un mayor reclutamiento de redes frontoparietales implicadas en el control voluntario de la atención.

Los resultados confirman algo que muchos músicos experimentan a diario: pueden seguir una conversación, una voz o una melodía entre múltiples fuentes sonoras con mayor facilidad que el resto de las personas.

Los músicos se concentran mejor en medio del ruido: el MIT revela cómo su cerebro filtra las distracciones
© FreePik

El reloj interno de la atención

Uno de los hallazgos más intrigantes fue el llamado “índice de tardanza”, que mide si la atención se mantiene o se intensifica a lo largo del estímulo.
Los cerebros más musicales mostraron una atención más sostenida en la segunda mitad de cada tono, especialmente en el giro orbitario derecho, lo que sugiere una administración más eficiente del esfuerzo cognitivo a lo largo del tiempo.

En términos simples, un cerebro musical no solo sabe en qué concentrarse, sino también cuándo hacerlo.


De la sinfonía al laboratorio: aplicaciones prácticas

Más allá del ámbito artístico, los resultados podrían aplicarse a la educación, la neurorehabilitación y el diseño de terapias auditivas.
Entrenar la musicalidad —aunque sea en niveles básicos— podría fortalecer la atención selectiva en personas con dificultades para concentrarse en entornos ruidosos, como adultos mayores o pacientes con trastornos del procesamiento auditivo.

El enfoque metodológico, basado en etiquetado de frecuencias y MEG, abre además nuevas posibilidades para medir de forma objetiva el impacto del entrenamiento musical sobre la cognición.


La ciencia confirma lo que la práctica musical enseña

El estudio del MIT y el Karolinska pone en evidencia que la musicalidad no solo mejora la percepción auditiva: transforma la forma en que el cerebro gestiona la información y distribuye la atención.
En un mundo cada vez más saturado de estímulos, entrenar el oído podría ser también una forma de entrenar la mente.

“Tocar música afina algo más que el oído —concluye Low Manting—. Nos enseña a escuchar con el cerebro.”

Fuente: Meteored.

Compartir esta historia

Artículos relacionados