A pesar de que la carrera de paleontólogo de Ross en Friends no fue tomada muy en serio por sus amigos, hay algo verdaderamente especial en descubrir los restos de criaturas que vivieron millones, o incluso miles de millones, de años antes que nosotros. De hecho, el interés de la humanidad por la paleontología no es algo reciente. Los antiguos romanos también estaban fascinados por los fósiles.
Según el historiador romano Suetonio, el emperador Augusto estableció el primer museo paleontológico conocido en su villa en la isla de Capri, donde exhibía huesos de antiguos “gigantes” y “monstruos”. Aunque los paleontólogos aún no han hallado restos tan fantásticos, un estudio publicado el jueves en la revista Science describe algo que, en mi opinión, es aún más especial: un antiguo amuleto romano fabricado a partir del fósil de una criatura que vivió entre 453 y 460 millones de años atrás.
¿Fueron los primeros arqueólogos?
Según los investigadores, el artefacto “representa el primer trilobite documentado en el mundo romano y la referencia más antigua conocida a este grupo fósil, y a la manipulación intencional de un espécimen de trilobite, en toda la antigüedad clásica”, escribieron en el estudio. Los trilobites eran un grupo de artrópodos marinos que existieron entre hace 521 y 251 millones de años. Además, señalaron que este sería “el tercer trilobite en el registro arqueológico mundial que fue recolectado y utilizado por personas hace más de mil años”.
El raro artefacto fue descubierto en un asentamiento romano del noroeste de España llamado A Cibdá de Armea, que existió entre los siglos I y III d.C. Los investigadores sugieren que el fósil proviene de afloramientos de esquisto ubicados a más de 430 kilómetros del asentamiento. Es probable que el trilobite llegara allí a través del comercio o que perteneciera a alguien que se trasladó desde la Lusitania central (una antigua provincia romana en la península ibérica).
De una forma u otra, está claro que el fósil fue modificado por manos humanas. “El fragmento de trilobite de Armea muestra incuestionables evidencias de intervención antrópica, en particular en la parte inferior y lateral izquierda de la pieza”, explicaron los autores. “Estas marcas no afectan la superficie superior, que conserva los segmentos articulados característicos del exoesqueleto dorsal de un trilobite. Todo indica que la persona que trabajó la piedra quiso dejar intacta esa superficie natural, adaptando al mismo tiempo el fósil a su nueva función”.

Según el estudio, el fósil modificado pudo haber funcionado como ficha de juego, parte de un collar o pulsera, colgante montado en metal o, simplemente, como un objeto que alguien llevaba en su bolsa o bolsillo. Sea cual sea su función exacta, probablemente se conservó por razones sobrenaturales, propiciatorias o medicinales, y fue abandonado entre los siglos I y III d.C.
“Es razonable considerar que el trilobite de Armea pudo haber sido percibido como un objeto con poderes mágicos o protectores para quien lo portara, como ocurre con otros fósiles —e incluso con trilobites— en contextos arqueológicos bien documentados”, escribieron los investigadores. De forma reveladora, el trilobite fue hallado junto a una moneda de bronce del emperador Augusto.
Este hallazgo es un recordatorio del profundo interés que ha tenido siempre la humanidad por aquello que nos precedió. Una muestra de que la curiosidad por el pasado es una característica universal que trasciende culturas, fronteras e incluso el paso del tiempo. Y una afirmación reconfortante, sobre todo en épocas como la actual, donde pareciera que lo único en lo que todos coinciden es en nuestras diferencias.