Durante años, el debate climático ha girado casi exclusivamente en torno al dióxido de carbono. Sin embargo, un gas menos conocido y mucho más agresivo a corto plazo está pasando desapercibido: el metano. Ahora, un estudio global apoyado en observaciones satelitales ha puesto cifras a una sospecha creciente: el planeta está emitiendo bastante más metano del que figura en los inventarios oficiales presentados ante Naciones Unidas.
El metano, el gran acelerador del calentamiento global
A diferencia del CO₂, el metano permanece menos tiempo en la atmósfera, pero su capacidad de atrapar calor es mucho mayor durante sus primeras décadas. Molécula por molécula, puede calentar el planeta más de 80 veces que el dióxido de carbono en un horizonte de 20 años.
Sus principales fuentes son bien conocidas: la ganadería intensiva, los vertederos, la producción de petróleo y gas, los arrozales inundados y algunos embalses hidroeléctricos. Reducirlo rápidamente es una de las formas más eficaces de frenar el calentamiento global a corto plazo.
Burbujas de metano en un lago congelado…
Se forman cuando las bacterias que viven en el agua se alimentan de materia en descomposición y liberan gas metano, que sube y se congela en forma de burbujas
— El Club del Arte 🎨📷📚🖼🕍🎼 (@Arteymas_) December 17, 2025
Cómo los satélites “ven” un gas invisible
El estudio utilizó datos del satélite europeo TROPOMI, capaz de detectar concentraciones de metano en la columna atmosférica. Aunque el gas no puede verse a simple vista, estos instrumentos miden cómo absorbe determinadas longitudes de onda de la luz solar.
Combinando estas observaciones con modelos de circulación atmosférica, los científicos pueden reconstruir el origen de las emisiones. Es, en la práctica, una auditoría independiente: los datos oficiales sirven como punto de partida, pero se ajustan hasta que encajan con lo que el satélite observa realmente.
Los países emiten más de lo que declaran
Al analizar 161 países durante 2023, los investigadores encontraron un patrón claro: en muchos casos, las emisiones reales superan de forma significativa las cifras comunicadas a la ONU. La diferencia no es menor y, acumulada a escala global, pone en riesgo los compromisos climáticos internacionales.
China, Estados Unidos, India y Brasil concentran una parte sustancial del problema, aunque el estudio también revela enormes diferencias de eficiencia entre países, lo que indica que existen soluciones técnicas y de gestión ya disponibles.
On 2025-12-15 #TROPOMI has detected an enhanced SO2 signal of 16.69DU at a distance of 17.3km to #Popocatepetl. #DLR_inpuls @tropomi #S5p #Sentinel5p @DLR_en @BIRA_IASB @ESA_EO #SO2LH pic.twitter.com/uQllsTLmhc
— TROPOMI SO2 (@TROPOMI_SO2) December 15, 2025
Brasil como ejemplo bajo la lupa espacial
Brasil destaca por sus emisiones vinculadas a la ganadería, los residuos urbanos y los embalses hidroeléctricos. Si los satélites detectan más metano del declarado, no se trata solo de un error estadístico: implica que el impacto climático real es mayor de lo previsto.
Al mismo tiempo, el metano ofrece una oportunidad única. Reducirlo genera beneficios climáticos visibles en pocas décadas, algo que no ocurre con el CO₂.
Una herramienta clave para la política climática
La auditoría satelital no solo señala responsables: también orienta soluciones. Capturar biogás en vertederos, mejorar la gestión del estiércol, reducir fugas en la industria energética o modernizar la agricultura son medidas conocidas y viables.
Desde el espacio, el mensaje es claro: el metano ya no puede seguir siendo el gas invisible del cambio climático.
Fuente: Meteored.