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Ciencia

El rastro invisible que los incendios dejan en la atmósfera y preocupa a los científicos

Nuevas observaciones revelan que ciertos incendios forestales envían partículas a alturas inesperadas, donde permanecen durante semanas y modifican el balance energético del planeta. Este fenómeno, poco estudiado y ausente en los modelos climáticos actuales, podría estar influyendo silenciosamente en el clima global de formas que la ciencia recién comienza a comprender.
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Aunque solemos asociar los incendios forestales con humo, destrucción y pérdida de biodiversidad, su impacto puede ir mucho más allá de lo visible. Investigadores de Harvard descubrieron que algunas columnas de humo alcanzan zonas altas de la atmósfera donde cambian la forma en que la Tierra intercambia energía con el espacio. Estas partículas, más grandes y persistentes de lo esperado, podrían estar afectando el clima global, obligando a actualizar nuestra comprensión del sistema atmosférico.

Humo que asciende mucho más allá de lo previsto

El estudio, publicado en Science Advances por la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard, reveló que el humo de incendios extremadamente intensos puede elevarse hasta la troposfera superior e incluso tocar la estratosfera, permaneciendo allí durante semanas o meses. A unos 15 kilómetros de altitud, los científicos observaron que estas partículas generan un efecto de enfriamiento significativo, una dinámica que los modelos climáticos actuales no contemplan.

Para investigar este fenómeno, el equipo liderado por Frank Keutsch utilizó la aeronave ER-2 de la NASA, equipada con instrumentos especializados capaces de muestrear directamente el humo en pleno ascenso. Gracias a la precisión de satélites geoestacionarios, lograron interceptar una columna originada por un incendio en Nuevo México apenas cinco días después de que se iniciara, algo nunca antes conseguido en una etapa tan temprana.

Partículas inesperadamente grandes y un efecto climático subestimado

Los investigadores detectaron partículas de alrededor de 500 nanómetros, el doble del tamaño habitual de los aerosoles de humo en altitudes menores. La explicación provino de expertos en modelización de la Universidad Estatal de Colorado: en la troposfera superior, donde el aire se mezcla muy lentamente, las partículas permanecen concentradas, chocan entre sí con mayor frecuencia y crecen con más eficiencia.

Esta mayor dimensión incrementa la radiación que la atmósfera devuelve al espacio entre un 30% y un 36%, generando un efecto de enfriamiento mucho más intenso que el causado por partículas pequeñas. Según el autor principal, Yaowei Li, estos datos permiten delimitar cómo las nubes de humo producto de tormentas generadas por incendios afectan el presupuesto energético de la Tierra.

Keutsch advierte que este tipo de incendios, capaces de crear tormentas eléctricas que lanzan humo hasta dieciséis kilómetros de altura, se están volviendo más frecuentes en Canadá, el oeste de Estados Unidos y otras regiones. Comprender sus efectos se vuelve urgente, especialmente en relación con la capa de ozono estratosférico.

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©Eclipse Chasers

Una influencia atmosférica que podría cambiar modelos climáticos

Los aerosoles, incluidos los generados por incendios o la contaminación industrial, alteran la cantidad de radiación solar que alcanza la superficie. Pueden absorberla o dispersarla, y este balance determina desde la temperatura global hasta el comportamiento del ciclo hidrológico. Si las partículas grandes permanecen más tiempo y enfrían más de lo estimado, los modelos climáticos deben revisarse para reflejar esta nueva variable.

El coautor John Dykema advierte que el humo también absorbe radiación y puede calentar localmente ciertas capas atmosféricas, provocando cambios en la circulación global. Esto podría desplazar corrientes en chorro o modificar patrones climáticos, aunque aún no existe suficiente evidencia para predecir la magnitud de estos efectos.

La campaña de observación del ER-2 marcó un hito: a diferencia de estudios previos que analizaban humo envejecido, este equipo midió aerosoles frescos, recién elevados. Para ello emplearon un espectrómetro óptico portátil para evaluar tamaños y concentraciones, instrumentos de análisis químico y sensores desarrollados por la Universidad de Purdue para identificar partículas de humo.

Un fenómeno creciente con consecuencias aún desconocidas

El análisis detallado confirmó que la coagulación eficiente en la troposfera superior explica el tamaño inusual de los aerosoles. Y lo más importante: este tipo de partículas genera un enfriamiento atmosférico mucho mayor que el considerado hasta ahora. Si los incendios forestales continúan intensificándose con el cambio climático, sus efectos radiativos también podrían aumentar.

Keutsch subraya que la frecuencia creciente de estos incendios extremos exige estudiar a fondo cómo sus aerosoles afectan la composición atmosférica y el clima global. El equipo de Harvard continuará investigando para ajustar modelos y mejorar las predicciones en un mundo donde los incendios forestales ya no son solo una amenaza terrestre, sino también un factor clave en la dinámica climática.

 

[Fuente: Infobae]

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