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Ciencia

Los últimos refugios del silencio: cómo suenan los lugares más tranquilos del planeta

En un mundo saturado de ruido, aún quedan oasis donde la naturaleza habla sin interferencias humanas. Parques en Taiwán, Namibia, Chile o EE.UU. están siendo certificados por su sonido puro y curativo. Descubre por qué proteger el silencio natural es vital para la salud del planeta... y de nosotros.
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La tranquilidad auténtica es hoy un bien escaso. Pero en algunos rincones del planeta, aún es posible escuchar únicamente a la naturaleza. El movimiento de los parques silenciosos busca preservar estos espacios sonoros únicos, libres del estruendo humano. Desde África hasta América, un puñado de enclaves está siendo protegido para asegurar que el silencio —ese aliado invisible del bienestar— no desaparezca para siempre.


La misión de preservar el sonido natural

Quiet Parks International (QPI) es una organización sin ánimo de lucro que certifica espacios donde el sonido predominante proviene de la naturaleza. Su objetivo es proteger y difundir la importancia del silencio natural, no como ausencia de ruido, sino como un entorno acústico donde la vida salvaje y el ser humano pueden convivir sin estridencias.

Desde su fundación, QPI ha identificado y certificado parques tanto urbanos como naturales, evaluando periódicamente sus niveles de ruido para asegurar que se mantienen por debajo de los 45 decibelios, un umbral comparable al de una biblioteca.

Los últimos refugios del silencio: cómo suenan los lugares más tranquilos del planeta
© Hawaii , FreePik

En 2020, certificaron el Parque Nacional Yangmingshan en Taiwán como el primer Parque Urbano Tranquilo del mundo. En 2024, le siguió la Reserva Natural de NambiRand en Namibia, marcando un hito en África.


El impacto del ruido… y del silencio

El ruido generado por la actividad humana —carreteras, aviones, barcos— tiene efectos nocivos comprobados sobre la salud humana, como insomnio, hipertensión o estrés crónico. Pero también afecta gravemente a la fauna: impide la comunicación entre animales, altera sus patrones de comportamiento y puede reducir su capacidad de reproducción.

Estudios como los realizados en el Monumento Nacional de Muir Woods en California revelan que cuando se pide a los visitantes que bajen el tono de voz, la vida animal vuelve a acercarse a los senderos. El silencio, por tanto, tiene un impacto real y restaurador.


¿Dónde queda la tranquilidad?

Además de los parques ya certificados, QPI trabaja en lugares emblemáticos como el Parque Nacional Haleakalā (Hawái), el Parque Nacional de Białowieża (Polonia) o la Reserva Nacional Río Clarillo (Chile). En EE.UU., zonas como el área de canoas Boundary Waters (Minnesota) o el complejo Bob Marshall Wilderness (Montana) figuran entre los últimos bastiones de tranquilidad acústica.

Los últimos refugios del silencio: cómo suenan los lugares más tranquilos del planeta
© FreePik

Las regiones más alejadas de rutas aéreas y núcleos urbanos tienen mayor potencial para conservar estos paisajes sonoros. A menudo, son también áreas de especial valor ecológico.


Silencio como cambio cultural

Certificar un parque como silencioso es también una herramienta educativa. Cambia el comportamiento de los visitantes y fomenta una nueva relación con el entorno. Expertos como Kenya Williams o Laila Chin-Hui Fan creen que este movimiento es clave para que aprendamos a proteger el sonido de la naturaleza como parte del patrimonio común.

Taiwán, por ejemplo, ha transformado la falta de voz diplomática en una propuesta sonora poderosa: ser una «isla de escucha». Y lo mismo espera QPI de cada país que se una al movimiento.

El silencio no es para todos, dicen sus promotores, pero su preservación debería ser una opción accesible. Porque, quizás, escuchar el mundo tal y como suena sin nosotros sea el primer paso para reconectar con él.

Fuente: National Geographic.

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