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Hace 3.000 años, los babilonios intentaron dibujar el mundo entero en una tablilla de arcilla. Su mapa sigue fascinando porque muestra dónde terminaba la geografía y empezaba el mito

Mucho antes de los atlas, los satélites o las fronteras modernas, una civilización de Mesopotamia intentó condensar el mundo en una pequeña pieza de arcilla. Lo que trazó allí no solo organizaba territorios: también ordenaba miedos, creencias y lo desconocido.

Entre las vitrinas silenciosas del Museo Británico, una pieza de arcilla ha comenzado a hablar después de casi 3.000 años. Es el Imago Mundi, una tablilla babilónica que combina precisión geográfica, mitología y cosmovisión, y que acaba de ser descifrada por completo. Lo que muestra va mucho más allá de un simple mapa.

Un mundo que giraba en torno a Mesopotamia

El mapa que dibujó el mundo hace 3.000 años: el enigmático legado babilónico que sigue revelando secretos
© The British Museum.

El Imago Mundi representa a Mesopotamia como el corazón del mundo conocido, rodeada por un doble anillo de agua llamado “río amargo”. Grabado en escritura cuneiforme, este detalle marcaba el límite entre la tierra habitable y lo desconocido. Entre sus inscripciones aparecen nombres de ciudades como Asiria, Der y Urartu, junto a referencias a territorios más allá de las fronteras físicas.

Este mapa no solo retrata ríos y montañas; también coloca en su geografía a Marduk, dios de la creación, y a criaturas fantásticas como el hombre-escorpión, serpientes marinas, caballos alados o el mítico pájaro Anzu, combinando realidad y mito en una cartografía única.

Escritura cuneiforme y conocimiento ancestral

El mapa que dibujó el mundo hace 3.000 años: el enigmático legado babilónico que sigue revelando secretos
© The British Museum.

El cuneiforme, desarrollado por los sumerios y adoptado por babilonios, asirios e hititas, fue mucho más que un sistema para registrar comercio. En tablillas como esta, sirvió para transmitir leyendas como la Epopeya de Gilgamesh, leyes como el Código de Hammurabi o conocimientos astronómicos capaces de rastrear planetas como Júpiter.

La creación de este mapa coincidió con una época en que Babilonia lideraba avances en arquitectura, matemáticas y astronomía. Su precisión al representar Mesopotamia sugiere no solo un interés por la geografía, sino por situar a su civilización como centro de un universo ordenado y simbólico.

El hallazgo y su significado

Descubierta en el Oriente Medio y adquirida por el Museo Británico en 1882, la tablilla había permanecido incompleta hasta ahora. El reciente descifrado revela que, además de describir el mundo físico, también intentaba explicar cómo se originó la Tierra y qué existía más allá de sus límites.

Para Irving Finkel, experto del museo, este mapa encapsula “todo el mundo conocido” y al mismo tiempo se atreve a imaginar lo que hay más allá. Es, en palabras suyas, “una demostración triunfal” de cómo fragmentos olvidados pueden abrir nuevas rutas hacia la comprensión de una civilización que, con cuñas de arcilla, intentó dibujar el infinito.

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