El océano Antártico guarda un misterio que intrigó a los científicos por décadas: zonas frías y remotas que, desde el espacio, brillaban con un resplandor turquesa. Ni los modelos ópticos ni los registros biológicos ofrecían una explicación convincente. Un reciente estudio liderado por el oceanógrafo Barney Balch finalmente resolvió el enigma, señalando a diminutos microorganismos que no solo colorean el mar, sino que también podrían redefinir el papel del Océano Austral en el equilibrio climático global.
El enigma de los mares luminosos
Desde principios del siglo XXI, satélites detectaban manchas brillantes en aguas al sur del Frente Polar. Se asumía que los reflejos provenían del Great Calcite Belt, donde los cocolitóforos —algas microscópicas con placas calcáreas— producen destellos intensos.
Pero más al sur, en regiones demasiado frías para estos organismos, el brillo persistía. Los algoritmos de observación satelital no lograban distinguir su origen.
Diatomeas: las responsables invisibles
El equipo de Balch, a bordo del buque R/V Roger Revelle, recopiló muestras de agua y midió su composición biológica y óptica. Los análisis confirmaron que en estas aguas gélidas el brillo se debe principalmente a diatomeas, algas con esqueletos de sílice que, en grandes cantidades, reflejan una luz intensa.
The water in Antarctica's rivers and lakes often has a bright blue or even emerald hue due to the reflection of light from the crystal clear ice and snow. pic.twitter.com/K72r4jhjPd
— Kotobarz (@Kotobarz) April 23, 2024
Aunque requieren poblaciones más densas que los cocolitóforos para generar el mismo efecto visual, su abundancia explica el resplandor en esas latitudes.
Sorpresa: cocolitóforos en aguas más frías
De manera inesperada, el estudio también detectó cocolitóforos sobreviviendo al sur del límite conocido. Esto sugiere que poseen mayor tolerancia al frío de lo que se creía y que las corrientes oceánicas los transportan a zonas marginales.
Este hallazgo obliga a revisar modelos de productividad y distribución de organismos marinos en el Océano Austral.
Implicaciones para el ciclo del carbono
Los resultados no solo explican el color del mar. Tanto las diatomeas como los cocolitóforos cumplen un papel clave en el sumidero biológico de carbono:
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Las diatomeas participan en el ciclo de nutrientes a través del sílice.
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Los cocolitóforos aportan carbonato de calcio, que influye en cuánto CO₂ queda atrapado en el fondo oceánico.
Cambios en su proporción alteran la eficiencia de captura de carbono, un factor crítico frente al cambio climático.
La impresionante belleza de las aguas cristalinas de la Antártida
— El Club del Arte 🎨📷📚🖼🕍🎼 (@Arteymas_) September 4, 2025
Ajustes en la observación satelital
Los sensores espaciales que miden la reflectancia del océano deberán recalibrarse. Hasta ahora, los algoritmos atribuían el brillo casi exclusivamente a cocolitóforos, subestimando la presencia de diatomeas. Esto podría haber sesgado durante años las estimaciones de productividad biológica y de almacenamiento de carbono en el Océano Austral.
Ecosistemas polares en transformación
El hallazgo llega en un contexto de rápido cambio ambiental: acidificación, calentamiento y alteraciones en las corrientes modifican la composición de estos ecosistemas. Comprender cómo microorganismos invisibles colorean el mar y regulan el clima es esencial para anticipar el futuro de uno de los sumideros de carbono más importantes del planeta.
Fuente: Meteored.