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Ciencia

Nadie lo vio venir: un volcán inactivo desde la Edad de Hielo entró en erupción. Hayli Gubbi lanzó 14 km de ceniza y dejó a Etiopía en alerta

La región etíope de Afar amaneció bajo un manto gris después de que el volcán Hayli Gubbi —silencioso desde hace 12.000 años— explotara sin señales previas. La nube llegó hasta Yemen y Omán. El fenómeno obliga a los científicos a revisar si otros “volcanes fósiles” de África podrían despertar igual de súbitamente.
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Hayli Gubbi es, o era hasta esta semana, uno de esos volcanes que figuran en los mapas pero no en las preocupaciones. Un cono de apenas 500 metros que llevaba más de cien siglos sin dar señales de vida. Para ponerlo en perspectiva: la última vez que entró en erupción, el mundo acababa de salir de la Edad de Hielo y la agricultura estaba en su infancia. No había ciudades, no había escritura, no había historia tal como la conocemos.

Y aun así, este domingo, el volcán decidió romper su silencio con una columna de ceniza que trepó hasta los 14 km de altura. En cuestión de minutos, una franja entera de Afar quedó cubierta de polvo volcánico. El cielo se volvió opaco, el aire áspero, y los habitantes apenas entendían qué estaba pasando.

“Se sintió como si hubieran lanzado una bomba de humo”, relató Ahmed Abdela, uno de los residentes. No hubo señales precursoras, no hubo temblores. Nada que permitiera anticiparlo.

Una región vulnerable que vive del pastoreo, no del turismo volcánico

Un gigante prehistórico despierta. El volcán Hayli Gubbi erupciona tras 12.000 años y obliga a replantear la actividad volcánica de Afar
© NASA.

La zona afectada no es una de las grandes capitales del turismo geológico, sino una de las regiones más frágiles de Etiopía. Allí, la supervivencia depende casi por completo del pastoreo. El problema es que la ceniza no fertiliza: asfixia. Las cabras y las vacas necesitan pasto que ahora está cubierto por una capa fina, pero mortal, de partículas volcánicas.

“Hasta ahora no hemos perdido vidas humanas ni ganado”, aseguró el funcionario local Mohameed Seid. Pero lo dijo con una cautela evidente: saben que la ceniza recién está empezando a mostrar sus efectos.

Mientras tanto, los pueblos intentan limpiar techos, pozos y corrales. En una zona con recursos limitados, cada pala de ceniza es una batalla contra la incertidumbre económica.

Un volcán sin erupciones registradas en 12.000 años: ¿cómo se despierta algo así?

Un gigante prehistórico despierta. El volcán Hayli Gubbi erupciona tras 12.000 años y obliga a replantear la actividad volcánica de Afar
© Smithsonian Institution – Global Volcanism Program.

La Institución Smithsonian lo confirmó: Hayli Gubbi no tenía actividad conocida desde el Holoceno temprano. La comunidad científica pensaba que estaba apagado, o al menos profundamente dormido.

Entonces, ¿qué lo despertó?

La gran pista está en el terreno bajo sus pies. Afar es un punto geológico único en el planeta: una triple unión tectónica donde África, Arabia e India se separan lentamente. Es un lugar donde la corteza se estira, se agrieta y se reconfigura. Allí nació el Rift africano y allí los volcanes pueden resurgir con muy poca advertencia.

Simon Carn, vulcanólogo de la Universidad Tecnológica de Michigan, lo explicó sin rodeos: “Hayli Gubbi no tiene registro de erupciones en todo el Holoceno. Esto es completamente nuevo para nosotros.”

En otras palabras: lo que pasó podría ser un evento aislado… o el primero de una serie.

Un recordatorio de que la Tierra sigue escribiendo la historia

La nube de ceniza alcanzó partes de Yemen y Omán gracias a las corrientes atmosféricas del Mar Rojo. Fue un aviso global de que incluso los volcanes catalogados como “dormidos permanentes” pueden despertar sin pedir permiso.

Por ahora, los científicos siguen midiendo gases y monitoreando microsismos para ver si habrá una segunda erupción. Nadie se atreve a descartar nada. No después de que un volcán que llevaba 12.000 años en silencio explotara de la noche a la mañana.

Hayli Gubbi nos recuerda algo incómodo: creemos que entendemos la Tierra, pero la Tierra todavía guarda sorpresas de eras que ni siquiera recordamos.

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