Las imágenes enviadas por las sondas de la NASA mostraban surcos largos y sinuosos en las dunas del planeta rojo. Parecían huellas de algo que se arrastra bajo la arena. Durante años se pensó que el agua líquida era la responsable, un vestigio de un Marte más cálido y húmedo.
Sin embargo, un nuevo estudio liderado por la geocientífica Lonneke Roelofs, de la Universidad de Utrecht, acaba de ofrecer una respuesta sorprendente. Según su equipo, los responsables no son flujos de agua, sino bloques de hielo seco (CO₂ sólido) que literalmente “excavan” su camino cuesta abajo, impulsados por el gas que liberan al sublimarse.
“Era como ver criaturas vivas moviéndose sobre Marte”, contó Roelofs, quien comparó el fenómeno con los gusanos de arena de Dune.
El hielo seco, el excavador marciano

El equipo de Roelofs viajó a la Open University del Reino Unido, donde existe una instalación única: la “Cámara Marciana”, capaz de simular la temperatura, presión y composición atmosférica del planeta rojo. Allí colocaron bloques de hielo de dióxido de carbono sobre pendientes de arena y observaron el resultado.
Cuando la base del hielo entra en contacto con la arena más templada, el gas comienza a liberarse a presión, elevando el bloque y haciéndolo saltar o deslizarse de forma errática. El gas, atrapado entre el hielo y el suelo, expulsa la arena en todas direcciones, excavando canales que se asemejan a los observados por las misiones orbitales de la NASA.
Los bloques no se movían de manera suave, sino como si tuvieran voluntad propia, girando, frenando o desviándose al encontrar obstáculos.
El resultado fue tan convincente que los surcos formados en el experimento eran casi idénticos a los que se observan en el cráter Russell, una de las mayores regiones de dunas marcianas.
Pendientes, gas y un baile de arena
El comportamiento del hielo seco depende del ángulo de la pendiente.
- En laderas pronunciadas (más de 22°), los bloques se deslizan rápidamente, generando canales rectos y poco profundos.
- En pendientes suaves, el hielo se entierra parcialmente, avanza lentamente y excava surcos sinuosos y profundos, con bordes elevados de arena.
El fenómeno combina física, química y geología: un ejemplo perfecto de cómo la sublimación del CO₂, un proceso inexistente en la Tierra, puede esculpir el paisaje marciano.
Un planeta frío, pero dinámico
En los inviernos marcianos, las dunas llegan a cubrirse por completo de hielo de dióxido de carbono de hasta 70 centímetros de grosor. Cuando llega la primavera, el calor del Sol rompe parte de esa capa, liberando grandes bloques que ruedan o se deslizan cuesta abajo, excavando los misteriosos barrancos.
Para Roelofs, entender cómo se forman estos paisajes no solo aclara los misterios de Marte, sino que también ayuda a mirar la Tierra con una nueva perspectiva.
“En Marte podemos ver procesos geológicos puros, sin agua ni vegetación que los alteren. Eso nos permite entender mejor cómo la física modela los paisajes”, explicó la investigadora.
A falta de vida, Marte sigue mostrando fenómenos que parecen tenerla. Lo que los orbitadores registraron como “huellas de criaturas” son en realidad bloques de hielo que respiran gas, se elevan, excavan y dejan rastros en forma de cicatrices en el polvo rojo.
En un planeta donde el agua es escasa, el CO₂ sólido actúa como escultor. Y quizás, en esos extraños surcos que se retuercen sobre la arena, esté escrita una de las historias más bellas de la geología extraterrestre.
[Fuente: DW]