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Ciencia

No era la retina: la ciencia confirma dónde está realmente la brújula de las palomas

Durante décadas, la ciencia buscó sin éxito el órgano responsable del sentido magnético de las aves. Ahora, un estudio de Alemania y Austria identifica en el oído interno de las palomas la clave de esta extraordinaria capacidad. El hallazgo redefine la magnetorrecepción y reaviva una teoría olvidada desde el siglo XIX.
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La habilidad de las aves para orientarse siguiendo el campo magnético terrestre ha sido uno de los enigmas más persistentes de la biología moderna. ¿Dónde está ese “sexto sentido” y cómo funciona realmente? Un equipo internacional acaba de ofrecer la prueba más sólida hasta la fecha: las palomas perciben las variaciones del campo geomagnético a través del oído interno. La combinación de mapeo cerebral, genética avanzada y experimentos controlados permite reconstruir un mecanismo sorprendente.

El sentido magnético que la biología llevaba un siglo persiguiendo

La magnetorrecepción —la capacidad de detectar el campo magnético— ha sido observada en aves migratorias, tortugas marinas, murciélagos, peces e incluso algunos insectos. Pero durante más de cien años, la localización del órgano encargado de esta percepción fue objeto de debates intensos, teorías enfrentadas y experimentos inconcluyentes.

En 1882, el naturalista Camille Viguier propuso que el oído interno podría generar pequeñas corrientes eléctricas en respuesta a cambios magnéticos. Su idea fue ignorada durante décadas… hasta ahora. Un nuevo estudio publicado en Science confirma que Viguier tenía razón.

No era la retina: la ciencia confirma dónde está realmente la brújula de las palomas
© FreePIk

El oído interno, epicentro de una respuesta magnética inesperada

El equipo dirigido por David Keays, de la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich, analizó el oído interno de las palomas utilizando secuenciación de ARN de células individuales y técnicas de aclaramiento cerebral que permiten “transparentar” tejidos.

Los investigadores expusieron a las aves a un campo magnético artificial, ligeramente más intenso que el terrestre, durante una hora. Con la cabeza inmovilizada y el campo rotando, recrearon las variaciones que un ave experimentaría al volar.

Después, mapearon la actividad neuronal: el patrón fue inequívoco. Las señales vinculadas al campo magnético se concentraban en la zona cerebral conectada al sistema vestibular, el órgano responsable del equilibrio y la percepción del movimiento.

Una demostración inédita del “sexto sentido” de las aves

El sistema vestibular emergió así como el candidato definitivo para la magnetorrecepción. Las células sensoriales de esta región mostraron una alta expresión de proteínas sensibles a fluctuaciones electromagnéticas. Y lo más llamativo: el efecto se mantuvo incluso en completa oscuridad.

Con ello, los investigadores descartaron que la luz o la retina sean indispensables para la detección magnética en palomas, algo que contrasta con hipótesis alternativas basadas en moléculas fotosensibles.

Para Eric Warrant, experto en biología sensorial de la Universidad de Lund, el resultado es contundente: “Esta es probablemente la demostración más clara de las vías neuronales responsables del procesamiento magnético en cualquier animal”.

No era la retina: la ciencia confirma dónde está realmente la brújula de las palomas
© FreePIk

Hacia una nueva visión de la magnetorrecepción animal

El estudio sugiere que diferentes especies podrían haber desarrollado soluciones independientes para detectar el magnetismo, desde mecanismos dependientes de la luz en algunos pájaros hasta sensores eléctricos en tiburones y rayas.

En el caso de las palomas, el oído interno funciona como un detector de corrientes eléctricas generadas por el campo geomagnético. Un sistema elegante, robusto y sorprendentemente eficiente para orientarse durante sus vuelos.

Los autores planean ahora rastrear cómo viaja esta señal a través del cerebro y cómo influye en la navegación real. La vieja pregunta de cómo sienten las aves la Tierra empieza, por fin, a tener una respuesta científica.

Fuente: Infobae.

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