¿Qué sentido tiene estudiar calamares o luciérnagas marinas? ¿Vale la pena destinar fondos públicos a investigaciones que no prometen beneficios inmediatos? Esta es la pregunta que muchos científicos enfrentan, y que este artículo intenta responder a través de historias tan insólitas como reveladoras. A veces, las grandes respuestas nacen de las preguntas más inesperadas.
La utilidad no siempre es lo importante
Hace una década, Carly Anne York, hoy fisióloga animal en Carolina del Norte, se encontró en una situación incómoda: explicar a un exmilitar por qué estudiaba la biomecánica de los calamares. En ese momento, solo pudo hablar del valor intrínseco del conocimiento. Años después, su visión ha madurado: la ciencia básica no busca siempre aplicaciones inmediatas, sino comprender el mundo que habitamos.
En su libro The Salmon Cannon and the Levitating Frog, York defiende con humor y pasión la importancia de las investigaciones que parecen absurdas. Uno de los ejemplos más ilustrativos es el del bioquímico japonés Osamu Shimomura, que en 1956 logró aislar el sistema de iluminación de las luciérnagas marinas. Lo que parecía una curiosidad biológica se convirtió, gracias a investigaciones posteriores con medusas luminiscentes, en una revolución médica: la proteína verde fluorescente que descubrieron permite hoy a los cirujanos evitar nervios durante las operaciones y a los oncólogos seguir el rastro de las células tumorales. Shimomura ganó el Nobel de Química en 2008.

Cuando orinar se convierte en ciencia
David Hu, investigador en dinámica de fluidos, también supo lo que es estar en el punto de mira por dedicarse a “ciencia inútil”. En 2016, fue ridiculizado por un informe del senador Jeff Flake por estudiar cuánto tardan los mamíferos en vaciar la vejiga. Sin embargo, Hu demostró que, en promedio, todos lo hacen en 21 segundos. Este hallazgo ha resultado clave para la medicina urinaria y el diseño de prótesis funcionales.
A pesar de las críticas, Hu defendió públicamente su trabajo. Incluso logró que el senador reconociera el valor de su respuesta. Su experiencia lo convirtió en uno de los principales defensores de la ciencia guiada por la curiosidad.
Una defensa necesaria (y urgente)
Con su característico ingenio, York insiste en que raramente un proyecto científico sigue una línea recta hacia una aplicación directa. Es un mensaje crucial en tiempos de recortes presupuestarios. Como escribe en su libro: “Estoy infinitamente agradecida a quienes allanaron el camino en defensa de la ciencia básica. Ojalá ustedes, después de leer esto, también lo estén”.
Fuente: Science News.