Un nuevo estudio ha analizado restos humanos hallados en los famosos refugios costeros de Herculano y ha identificado cuatro parásitos intestinales que seguían presentes en el momento exacto de la erupción. No estaban en letrinas ni en suelos urbanos, sino dentro de las personas. Y eso lo cambia todo.
Un desastre que se convirtió en laboratorio
A diferencia de Pompeya, donde muchos habitantes lograron huir, en Herculano decenas de personas buscaron refugio en galerías abovedadas junto al mar. La llegada de una nube piroclástica extremadamente caliente los mató casi al instante. Esa violencia térmica tuvo un efecto inesperado: selló los cuerpos con una rapidez excepcional, preservando restos orgánicos que normalmente desaparecerían en días o semanas. Para la arqueología, fue una tragedia. Para la ciencia moderna, una oportunidad única.
Los investigadores tomaron muestras de la región pélvica de 48 individuos, una zona clave para detectar restos intestinales, y las analizaron con técnicas microscópicas y moleculares. El resultado fue contundente: dos tercios de los cuerpos conservaban huevos de parásitos.
Cuatro intrusos comunes en la vida romana

Los análisis revelaron la presencia de cuatro parásitos intestinales ampliamente conocidos hoy, pero invisibles en la historia tradicional del Imperio romano. Dos de ellos -el gusano látigo (Trichuris trichiura) y la lombriz intestinal (Ascaris lumbricoides)- se transmiten por agua o alimentos contaminados con materia fecal. Su alta prevalencia indica que, incluso en una ciudad rica y bien urbanizada, la higiene tenía límites muy claros.
También apareció Entamoeba histolytica/dispar, un protozoo responsable de la disentería, una enfermedad potencialmente mortal que provoca diarreas severas y deshidratación. Su presencia apunta a infecciones activas, no anecdóticas. Pero el hallazgo más llamativo fue otro.
La pista del pescado crudo
Entre los restos apareció Diphyllobothrium, una tenia que se contrae al consumir pescado crudo o insuficientemente cocido. No es un parásito cualquiera: sugiere hábitos alimentarios concretos.
Herculano era una ciudad costera, integrada en rutas comerciales marítimas. El hallazgo encaja con una dieta rica en pescado, pero también revela algo incómodo: comer bien no siempre significaba comer seguro. Técnicas como el salado o el ahumado, comunes en la época, no eliminan los huevos de este parásito.
Lujo urbano, salud precaria
El estudio desmonta una idea persistente: que las ciudades romanas más prósperas ofrecían mejores condiciones sanitarias. Herculano tenía viviendas elegantes, letrinas privadas y acceso a productos frescos. Aun así, los parásitos estaban por todas partes.
Los investigadores apuntan a un problema estructural: las aguas residuales se vertían al mar o se reutilizaban como fertilizante. La transmisión fecal-oral seguía activa, integrada en la vida cotidiana. La infraestructura impresionaba a la vista. Pero no protegía el intestino.
Cuerpos que cuentan historias individuales

A diferencia de estudios basados en suelos o sistemas de alcantarillado, este trabajo analiza personas concretas. Adultos, ancianos y también niños pequeños presentaban infecciones similares.
La preservación permitió incluso detectar restos de tejidos blandos y contenido intestinal parcial. En términos científicos, Herculano es un caso excepcional: permite reconstruir la salud real de una población romana justo en el momento de su muerte.
Parásitos que vencieron al volcán
Ni el calor extremo ni el paso de casi dos mil años borraron estas huellas biológicas. Los huevos parasitarios sobrevivieron a la erupción del Vesubio, al colapso de la ciudad y al olvido histórico.
Hoy, esos diminutos restos aportan algo que los textos clásicos nunca contaron: cómo convivían el esplendor urbano y la enfermedad cotidiana. Herculano no solo conserva mosaicos y muros. Conserva también la evidencia de que, bajo la grandeza del Imperio romano, la vulnerabilidad humana seguía muy presente. A veces, para entender una civilización, no basta con mirar sus templos. Hay que mirar lo que llevaba dentro.