Muchas personas, al ver una rata rondando la basura en su barrio, sienten algo muy fuerte: miedo, asco, enojo. Unas pocas, sin embargo, pueden sentir una mezcla de esto con algo de respeto.
Es algo que la bióloga evolucionista Marlene Zuk espera cambiar con su nuevo libro que saldrá este mes: Outsider Animals: How the Creatures at the Margins of Our Lives Have the Most to Teach Us, o “Animales outsiders: las criaturas marginales de nuestras vidas pueden enseñarnos mucho”.
Zuk se centra en nueve animales que la mayoría vemos como plagas o molestias, mínimamente, que perturban nuestra rutina diaria, sean cucarachas, gaviotas o coyotes. Detalla algunos de los muchos descubrimientos que los científicos como ella han hecho acerca de estos animales y cómo han logrado vivir tan bien junto a los humanos.
Aunque Zuk derriba muchos de los prejuicios sobre estas criaturas, no le interesa convencer a la gente para que las convierta en mascotas. Más bien, espera que se las aprecie por lo que son: animales singulares, únicos, que se han formado un nicho allí donde muchos otros no lo han hecho.
Hablé con Zuk sobre por qué los neoyorkinos realmente podrían odiar a las ratas, por qué no necesariamente son villanas o héroes, y sobre nuestra admiración ante las cucarachas. Aquí incluyo parte de lo conversado con ella.
Ed Cara, Gizmodo: tu carrera ha estado durante mucho tiempo centrada en estudiar parásitos y otros animales que la mayoría de nosotros no querría tener cerca. ¿Qué te hizo centrarte en estos animales para tu libro?
Marlene Zuk: Me ha interesado desde hace mucho tiempo por qué a la gente les gustan los animales que les gustan, y qué lecciones creo que podemos aprender de ellos. Cuando dices que estudias la conducta animal, suelen contarte historias de sus mascotas, o quieren saber si es verdad algo que han oído acerca de los animales salvajes. Así, es como si quisieran aprender algo a partir de lo que ven en los animales.
Para mí, los animales del libro entran en nuestras vidas, lo queramos o no. Los ves en tu patio revolviendo la basura. Los ves en la playa, como a las gaviotas, o cuando le roban un bocado a un niño. Me interesa lo que hace que las personas sientan aversión por estos animales en su relación con los humanos. Porque gran parte de mi interés en los animales viene de que me interesan como tales, no como lecciones vivientes.
G: En el libro cubres muchas cosas que son interesantes y divertidas. Pero me intrigó mucho lo de la cucaracha. No solo porque soy neoyorquino nacido y criado, sino porque he escrito también sobre la compleja vida de las cucarachas.
Z: Te diré que somos almas gemelas porque es mi capítulo preferido también.
Estoy en un grupo de escritura en Twin Cities, y ninguna de las personas que están en el grupo es escritora aunque sí escriben sobre ciencias. Por eso fueron tan buenos conmigo cuando escribía el libro. Les di todos los capítulos y ofrecieron sus comentarios. Cuando les di el de las cucarachas, dije: “Claro que pueden hablar sobre lo escrito, y díganme por favor si ven algo en lo que me equivoqué. Pero nadie podrá decirme que no le gustan las cucarachas”. Eso, desde el principio. No puedes decirlo.
G: Sin querer revelar nada del libro, ¿cuáles serían las ideas erróneas que tiene la gente en cuanto a las cucarachas?
Z: Ante todo, no hay una cucaracha porque hay miles de especies. Ni siquiera sabemos cuántas hay porque, como sucede con la mayoría de los insectos, se trata de un grupo poco estudiado y todo el tiempo encontramos especies nuevas. Solo un puñado de ellas son plagas.
Hay muchas que viven en lugares muy interesantes. Hay cucarachas tropicales. Hay cucarachas que viven en la madera podrida. Hay cucarachas monógamas. Hay cucarachas que cuidan y atienden a sus bebés. Hay cucarachas que dan a luz, y por eso a la gente le interesa porque hay vínculos con el embarazo de los mamíferos.
Creo que hay más de lo que podrías imaginar. Además, como muchos de los animales del libro y muchos de los animales que consideramos plagas, las cucarachas son como son, no por ellas sino por nosotros. Nosotros somos los que creamos el entorno que les resulta atractivo. ¿Cómo podemos culparlas por encontrarlo atractivo?
G: A lo largo del libro insistes en este tema. ¿Por qué consideras importante que la gente no demonice, o hasta valorice a muchos de los animales de los que hablas?
Z: Es como dije al principio, que los animales no están allí para que los usemos como lecciones.
Lo que quiero decir es que desde siempre hemos hecho eso los humanos, como en las fábulas de Esopo donde puedes aprender del cuervo o del zorro. Pero los animales no están allí para enseñarnos lecciones. Están allí por lo que son ellos mismos. Y creo que averiguar lo que son en realidad nos ayuda a entender mucho mejor nuestro mundo, en lugar de interpretar sus conductas en términos de nuestra conducta.
G: ¿Hubo algún animal en particular que te resultó más intrigante? ¿Eso cambió a medida que escribías?
Z: Es más difícil responder esa pregunta. Como el libro está dividido en diferentes capítulos, por especie o grupo de especies, como sucede con las gaviotas, mi trayectoria fue bastante predecible.
Empezaba por investigar. Si tenía amigos científicos, y sí los tenía, que trabajaban sobre el tema del animal, los llamaba y veía si podían hablar conmigo, y leía algunos artículos más. Luego, lo que sucedía es que cuanto más me informaba, era como si estuviera en una aventura amorosa. Hablaba de ellos todo el tiempo. Diré que el que más tiempo me llevó fue la rata. Para el final del capítulo sentí que las ratas son maravillosas.
No sé si es porque no soy neoyorquina, y comprendo a los neoyorquinos de veras, pero las ratas son emblemáticas de muchas cosas de la ciudad. Son emblemáticas de tantas cosas que están mal en la vida urbana, de cosas sobre las que se queja la gente, de la política y del alcalde, y de por qué nadie hace nada al respecto. Como no tengo ese terreno en común, creo que no tenía el mismo punto de partida.
Por eso me costó un poco más con las ratas. Para mí las cucarachas eran fantásticas. Y los coyotes, muy divertidos. Vi coyotes cuando era chica y creo que son maravillosos, pero leer sobre sus vidas fue una revelación. Así que fue una experiencia tremenda poder seguir ese trayecto con cada especie.
G: ¿Qué es lo que espera que se lleve la gente al leer tu libro?
Z: Quiero que aprecien a los animales por más que solo su interacción con los seres humanos. Me encanta la gente que ama a los animales. Me gusta cuando quieren hablar de sus perros o de algún pájaro hermoso que han visto. Pero tal vez podamos empezar a ver a los animales por lo que son en sí mismos y no como parte del elenco en una película que protagonizamos.
Lo otro es que en este momento hay mucha gente interesada en la conservación que tiene dificultades con las especies invasivas. Lo que hacemos ahora, con el mundo alterado por los humanos al introducir plantas y animales en lugares en los que no los había originalmente, creo que con este libro presento un poco la complejidad del tema. Digo que no solo queremos volver a la época en que no había ratas en Norteamérica, o pájaros garrapateros o tordos en las planicies centrales, o lo que sea. Es difícil eso, en parte porque resulta difícil elegir una época. Pero tampoco podemos darnos por vencidos y decir que nuestro mundo acabará cubierto de cucarachas.
Entonces, ¿qué camino trazamos para entender el efecto que tenemos en los animales, el efecto que tienen en nosotros y cómo convivir con ellos sin causar un desastre en el mundo?
El libro Outsider Animals: How the Creatures at the Margins of Our Lives Have the Most to Teach Us es una publicación de Princeton University Press, disponible ahora en formato papel o electrónico.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Romina Fabbretti. Aquí podrás encontrar la versión original.