Screenshot: Casey Neistat (Twitter)

El popular vloguero estadounidense Casey Neistat encontró un chip cosido a una toalla en un hotel de Londres y lanzó dos preguntas a sus seguidores de Twitter: “¿Puede alguien identificar esto? Estaba cosido a una toalla en mi habitación de hotel y conectado a una antena. ¿Me están espiando?”

Como le hicieron saber sus seguidores, eso no es un micrófono espía sino un chip RFID pasivo que algunos hoteles cosen a las toallas y las sábanas para evitar que sus clientes se las lleven accidentalmente. No tiene forma de etiqueta, como los de las tiendas de ropa y los supermercados, porque está diseñado para adherirse a una fibra textil y soportar cientos de lavados. Hoy en día, los RFID encapsulados se pueden comprar por unos pocos centavos en Aliexpress; soportan temperaturas de entre -40 y 85 grados Celsius.

Y sí, son bastante populares. En 2015, una empresa que los comercializa desde Miami dijo a USA Today que había más de 2000 hoteles en su cartera de clientes, pero no reveló cuáles: “A nuestras propiedades les gusta permanecer en el anonimato: se benefician de la eficiencia adquirida y no quieren alarmar a los huéspedes de que tienen esta tecnología”.

Image: Alibaba

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Para los hoteles, la ventaja es doble. Por un lado, reducen el número de toallas y sábanas que se pierden en el transporte a la lavandería. Por otro, evitan los robos de clientes, que son propensos a llevarse esas dos cosas, pero también albornoces, mandos de televisión, bombillas...

La buena noticia es que el recepcionista del hotel no te perseguirá por la calle si detecta que te has llevado una toalla. Lo más probable es que simplemente cargue su precio en tu tarjeta de crédito. A menos, claro, que un artículo inocente en algún blog de Internet te haya dado la idea de arrancar el chip antes de irte.