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Ciencia

ntes de que llegara Roma, una élite del centro de España vivía rodeada de cerámicas traídas de todo el Mediterráneo

Arqueólogos de Madrid y Oxford excavan en Toledo un gran edificio de hace más de 2.000 años en una ciudad fortificada de 18 hectáreas de los carpetanos
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En lo alto de una colina de la meseta central de España, a poco más de 100 kilómetros de Madrid, hubo hace más de dos milenios una ciudad amurallada. Sus habitantes no conocían todavía el dominio de Roma, pero no vivían aislados: en sus casas usaban vajillas fabricadas en lugares lejanos del Mediterráneo. Las nuevas excavaciones en ese sitio, el Cerro del Gollino, están revelando cómo vivía su élite.

Los trabajos, cuyos resultados fueron difundidos por la Diputación de Toledo, están dirigidos por la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, con la participación de investigadores y estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad McMaster, de Canadá, y la Universidad Duke, de Estados Unidos.

Una ciudad fortificada de los carpetanos

Hispania
© Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1988725

El Cerro del Gollino se encuentra cerca de Corral de Almaguer, en la provincia de Toledo, en la región de Castilla-La Mancha. Fue un oppidum, nombre que reciben los grandes asentamientos fortificados de la Edad del Hierro en Europa, y ocupaba unas 18 hectáreas, una superficie equivalente a unas 25 canchas de fútbol.

La ciudad perteneció a los carpetanos, uno de los pueblos prerromanos que habitaban el centro de la península ibérica. Su ocupación principal se desarrolló entre finales del siglo III antes de Cristo y mediados del siglo I antes de Cristo, en la última etapa de la Edad del Hierro. Fue una época de grandes cambios: en esos mismos siglos, Roma y Cartago se disputaban el control de la península, y finalmente el poder romano terminó imponiéndose en toda la región.

El misterioso Edificio B

La campaña de 2026, la tercera desde que las excavaciones se retomaron en 2024, se concentró en una construcción de grandes dimensiones a la que los arqueólogos llaman Edificio B. Su función todavía no está confirmada, pero su tamaño y los objetos hallados en su interior sugieren que pudo haber sido la residencia de miembros de la élite local.

Si esa hipótesis se confirma, el edificio permitiría comparar cómo vivían los distintos grupos sociales dentro de la ciudad, algo especialmente valioso en el caso de los carpetanos. A diferencia de griegos o romanos, este pueblo dejó muy pocos testimonios escritos, por lo que casi todo lo que se sabe de ellos proviene de la arqueología.

Cerámicas de todo el Mediterráneo

Alrededor del edificio aparecieron numerosas cerámicas importadas de distintas regiones de la península ibérica y del Mediterráneo, junto con vajillas fabricadas en el propio lugar, algunas de gran calidad. Para los investigadores, ese conjunto demuestra que las comunidades del interior participaban en redes de intercambio que iban mucho más allá de su territorio inmediato.

Los arqueólogos aclaran que la presencia de estos objetos no significa necesariamente que cada pieza fuera un lujo reservado a las élites. Lo que sí confirma es que, incluso lejos de la costa, los carpetanos estaban conectados con los grandes circuitos comerciales del mundo mediterráneo de su tiempo.

Un yacimiento que vuelve a hablar

El Cerro del Gollino ya había sido excavado en 1985 y 1986, pero luego pasó décadas sin investigaciones continuas. El proyecto actual, impulsado por el arqueólogo Pablo Sánchez de Oro, busca ahora reconstruir la vida cotidiana y la organización social de esta ciudad que vio de cerca el fin del mundo prerromano en la península.

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