Por bajo de las aguas del Atlántico, un equipo internacional de geólogos alcanzó una de las fronteras más inaccesibles del planeta: el manto terrestre. A bordo del buque de investigación JOIDES Resolution, perforaron 1.268 metros bajo el fondo oceánico y extrajeron muestras de roca procedentes del interior profundo de la Tierra.
Este logro, descrito en la revista Science, es mucho más que un récord técnico. Representa la primera vez que los científicos logran acceder directamente a rocas del manto superior con una pureza tan alta, una capa que constituye el 70 % de la masa de la Tierra y el 84 % de su volumen. Durante décadas, conocer esa frontera había sido un sueño de la geología. Ahora, ese sueño comienza a tomar forma.
El escenario: una montaña submarina llamada Macizo de la Atlántida

La perforación se llevó a cabo en una zona única del océano Atlántico conocida como el Macizo de la Atlántida, una montaña submarina situada cerca de la dorsal mesoatlántica. Allí, la corteza terrestre es especialmente delgada, lo que permite que las rocas del manto queden más expuestas a través de fallas y grietas.
Muy cerca de este punto se encuentra la Ciudad Perdida, un campo hidrotermal donde el agua de mar interactúa con el manto en un proceso llamado serpentinización. Este fenómeno genera hidrógeno, metano y compuestos de carbono, ingredientes esenciales para la vida. No es casual que muchos investigadores crean que lugares así pudieron ser el escenario donde surgió la vida en la Tierra.
El núcleo geológico obtenido contiene peridotitas abisales —las rocas principales del manto superior— junto con fragmentos de harzburgita y gabro, dos tipos de roca ígnea formados por la fusión parcial del manto y alterados por el agua de mar.
La perforación que superó todas las expectativas
“Solo habíamos planeado perforar 200 metros, porque esa era la mayor profundidad alcanzada antes en roca del manto”, explicó Johan Lissenberg, petrólogo de la Universidad de Cardiff. Pero la perforación resultó tan estable que el equipo avanzó tres veces más rápido de lo previsto. Lo que empezó como una misión de rutina se convirtió en una hazaña sin precedentes. Los investigadores lograron recuperar un testigo continuo de más de un kilómetro de largo, una cápsula de tiempo que guarda millones de años de historia geológica.
Según Andrew McCaig, de la Universidad de Leeds, las primeras observaciones confirman que las rocas presentan una alteración química profunda, resultado de su contacto con el agua de mar. Esas transformaciones ofrecen una ventana única para entender cómo se recicla la materia en el interior del planeta y cómo los elementos viajan desde el fondo hasta la superficie.
A un paso del corazón de la Tierra

A pesar de este gran éxito, el equipo no ha logrado cruzar la discontinuidad de Mohorovičić, o “Moho”, la frontera que marca el verdadero inicio del manto prístino. Pero quedaron peligrosamente cerca. Cada metro adicional de perforación acerca a la humanidad a un sueño tan antiguo como la ciencia misma: alcanzar el corazón de la Tierra.
Sin embargo, el futuro de estas misiones es incierto. La Fundación Nacional de la Ciencia de Estados Unidos (NSF) ha decidido no financiar más campañas del JOIDES Resolution después de 2024. Justo cuando la humanidad estaba a punto de tocar la frontera más profunda conocida, el proyecto queda suspendido.
Aun así, lo conseguido es histórico. Por primera vez, los humanos han abierto una grieta real hacia el interior del planeta, una ventana geológica que permitirá estudiar los procesos que dan forma a los continentes, a los océanos y, quizás, a la vida misma. Cada metro perforado no es solo roca extraída: es una carta escrita desde el interior de la Tierra, un recordatorio de que los mayores descubrimientos no siempre están en el espacio, sino justo bajo nuestros pies.