Un apuesto macaco japonés medita sobre la vida moderna cuando, de repente, ¡Bam! el amor llama a su puerta en la forma de una irresistible cierva Sika. Para un profano es inevitable tomarse este vídeo a cachondeo, pero lo cierto es que los científicos tienen razones para estar interesados.

El incidente ocurría en el parque natural de la isla de Yakushima, al sur de Japón. Los pequeños ciervos Sika conviven en el mismo ecosistema con macacos japoneses (los mismos que son famosos por bañarse en estanques termales naturales en invierno).

Normalmente, la coexistencia es pacífica. Los ciervos, de hecho, suelen beneficiarse de la presencia de los monos porque estos tiran al suelo la fruta de los árboles a la que los ciervos no podrían llegar de otra forma. En esta ocasión, sin embargo, puede decirse que ha sido el mono el que se ha beneficiado literalmente a una cierva. El confuso simio trató de montar a la aún más confusa corza en dos ocasiones. La primera lo logró, pero la segunda fue derribado por su pretendida, que probablemente ya se había hartado de semejante despropósito. En ningún momento hubo contacto sexual completo porque la fisonomía es fría y cruel para el amor.

El caso es que el vídeo, grabado por un equipo de biólogos en 2015, se ha convertido en la piedra angular de una investigación sobre el sexo entre especies recién publicada en la revista Primates. Aunque ocasionalmente se documentan casos de este tipo de comportamiento aberrante, es muy raro poder grabarlo con tanto detalle. En los 90, guardabosques de una reserva en Sudáfrica informaron de casos de elefantes tratando de aparearse con rinocerontes. En 2007 se grabó a uno de los chimpancés del zoo de Honolulu, en Hawai, tratando de tener sexo con una rana (el vídeo es bastante explícito). Más adelante, en 2014 se documento a una foca tratando de aparearse con pingüinos a los que acabó por devorar.

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En el caso del macaco japonés, los biólogos creen que estudiar su comportamiento puede arrojar alguna luz sobre otros tipos de sexo entre especies, incluyendo los casos de zoofilia protagonizados por seres humanos. La cuestión es si el comportamiento del mono es social y aprendido o una simple explosión incontrolada de hormonas durante la época de apareamiento. Se sabe que los macacos japoneses suelen usar a veces a los ciervos como monturas improvisadas sin que haya comportamiento sexual de por medio. Se trata de una especie de juego de rodeo.

En esta ocasión, los investigadores se inclinan por la hipótesis de que el asalto a la cierva es un comportamiento derivado de la ausencia de hembras. El protagonista de este inopinado vídeo es un macho secundario de la manada, con difícil acceso a las hembras de su propia especie. Uno de los autores del estudio, Sueur Cédric explica:

Será interesante seguir observando la conducta de este grupo concreto de macacos en Yakushima porque su especie es conocida por mostrar comportamientos culturales y aprendizaje social. Como consecuencia de no tener acceso a hembras de su especie, los machos periféricos podrían estar aprendiendo a tener interacciones de tipo sexual con los ciervos Sika para reducir sus niveles de frustración sexual.

[Primates vía New Scientist]