Un impacto que se mantiene en el tiempo
Cinco años después de que el Covid-19 transformara radicalmente nuestras vidas, seguimos lidiando con sus consecuencias más invisibles: las emocionales. Aunque el miedo al virus ha desaparecido en gran medida, su rastro en la salud mental sigue muy presente.
Una investigación desarrollada por la Facultad de Farmacia de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) ha puesto cifras a este fenómeno. El estudio señala un incremento continuo en las recetas de antidepresivos desde 2018 hasta 2024, con especial énfasis en los años posteriores a la emergencia sanitaria.
Los investigadores analizaron datos de un área sanitaria que atiende a 130.000 personas y dividieron el periodo en tres fases de dos años: antes, durante y después de la pandemia. Los resultados fueron publicados recientemente en la revista Healthcare.
Ni la recuperación trajo alivio emocional
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que el aumento en la prescripción de antidepresivos no se revirtió tras superar la fase crítica del Covid-19. Al contrario, en el periodo pospandémico las cifras volvieron a subir, lo que sugiere que las secuelas emocionales no solo no se han curado, sino que podrían estar agravándose.
Durante la pandemia, el incremento en la medicación estuvo vinculado principalmente a menores de 20 años. Sin embargo, la tendencia actual afecta a todas las edades. Este cambio evidencia que el desgaste emocional fue tan generalizado que ningún grupo demográfico ha salido ileso.
Las mujeres, las más afectadas
Los resultados también confirman un patrón observado en otros países como Canadá o Francia: el mayor aumento en el uso de antidepresivos se registra en mujeres. El equipo apunta a razones estructurales y sociales. El rol tradicional de cuidadoras, así como la alta presencia femenina en profesiones sanitarias con gran carga emocional durante la crisis, podrían explicar esta mayor vulnerabilidad.
“El mayor impacto en el bienestar emocional de las mujeres jóvenes durante la pandemia podría deberse al rol de los cuidadores, que es más prevalente en la población femenina, y a la feminización de las profesiones de cuidado en el sector salud”, explica el equipo en un comunicado.
Este estudio nos recuerda que las heridas psicológicas de la pandemia aún están abiertas y que las soluciones no deberían limitarse únicamente a tratamientos farmacológicos.
Fuente: Xataka.