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Ciencia

Por qué tu gato ignora la comida que tu perro devora sin pensarlo

Aunque parecen compartirlo todo, perros y gatos viven el mundo de los sabores de forma radicalmente distinta. Una diferencia genética podría explicar por qué uno se lanza a cualquier plato y el otro lo rechaza sin dudar. Lo que revela la ciencia es más fascinante de lo que imaginas.
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Es una escena cotidiana: un perro engulle una galleta sin pensar y, a su lado, un gato la olfatea y se aleja con indiferencia. Esta disparidad en sus comportamientos alimenticios va más allá de la personalidad. Según los científicos, la explicación está inscrita en su código genético y tiene profundas raíces evolutivas. Conozcamos qué descubrió la ciencia sobre el gusto en nuestras mascotas.

El dulce no existe para los gatos
© FOX ^.ᆽ.^= ∫

El dulce no existe para los gatos

Los felinos domésticos, al igual que los grandes felinos como tigres o guepardos, no pueden percibir el sabor dulce. ¿La razón? Tienen un gen crucial para detectar el dulzor que simplemente no funciona. Se trata del Tas1r2, un pseudogen no expresado que carece de 247 letras necesarias para generar la proteína que activa los receptores del sabor dulce.

En contraste, los gatos sí pueden detectar el umami, ese sabor sabroso característico de las carnes. Esto se comprobó al ofrecerles agua con compuestos umami presentes en el atún. La mayoría eligió esta opción sobre el agua común, lo que explica su amor por el pescado. El gen Tas1r1, combinado con Tas1r3, permite esta percepción. Para ellos, el umami es el auténtico motor del apetito.

Perros: los todoterreno del sabor

Los perros, a diferencia de los gatos, sí pueden percibir tanto el dulzor como el umami. Esta capacidad tiene sentido evolutivo: los perros no son carnívoros estrictos como los gatos, sino omnívoros oportunistas. Su dieta puede incluir carne, vegetales y cereales. Por eso, genéticamente, sus papilas gustativas están más preparadas para aceptar una mayor variedad de sabores.

También tienen más genes para detectar el sabor amargo, aunque no se sabe con certeza cómo esto afecta su comportamiento alimenticio. Tanto perros como gatos poseen receptores para sabores potencialmente desagradables, lo que puede haber sido útil para evitar alimentos tóxicos en la naturaleza.

Perros: los todoterreno del sabor
© Bethany Ferr

Genes que cuentan historias evolutivas

Los científicos creen que los genes del gusto evolucionan junto con la dieta. Por ejemplo, los delfines y ballenas, que tragan su comida entera, han perdido muchos de estos genes. Lo mismo ocurre con los pandas, que ya no detectan el umami porque su alimentación se basa casi exclusivamente en bambú.

En los gatos, la ausencia del dulzor refleja su evolución como carnívoros obligados. Y en los perros, su adaptabilidad dietética está inscrita en su ADN. Así, el gusto no es solo una experiencia sensorial: es una ventana a la historia evolutiva de cada especie.

Cómo aplicar este conocimiento en la vida diaria

Comprender cómo perciben el sabor nuestras mascotas no solo despierta curiosidad, también puede ayudarnos a cuidarlas mejor. Si un gato enfermo pierde el apetito, potenciar el sabor umami en su comida puede ser clave para estimularlo a comer, como demostró un veterinario japonés utilizando copos de bonito seco.

Este conocimiento también podría inspirar mejoras en la industria alimentaria y farmacéutica para mascotas, creando alimentos y medicinas más sabrosas. Sin embargo, como advierten los investigadores, esto es solo el comienzo. El mundo sensorial de los animales aún guarda muchos misterios por descubrir.

Fuente: National geographic.

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