Se ha llegado a un hito médico de suma importancia. Por primera vez, los científicos usaron la terapia genética personalizada CRISPR para tratar la extraña y fatal enfermedad de un bebé.
Los médicos del Hospital de Niños de Filadelfia (CHOP) y Penn Medicine detallaron su logro en un trabajo publicado el jueves en el New England Journal of Medicine. El bebé, llamado KJ, nació con un trastorno metabólico que resulta fatal para casi un 50% de los bebés. Y ahora, tres meses después de su primera dosis, KJ parece haber respondido bien al tratamiento y goza de buena salud.
“Este momento fue posible gracias a los años dedicados a la edición de genes y la colaboración entre los investigadores y los médicos, y aunque KJ es tan solo un bebé paciente más, esperamos que sea el primero de muchos que se beneficien de una metodología que pueda usarse a escala para adaptarla a las necesidades de cada paciente”, dijo Rebecca Ahrens-Nicklas, directora de Terapia Genética del Programa de Desórdenes Metabólicos Heredados del CHOP, en declaraciones del hospital.
Poco después de su nacimiento el verano pasado, diagnosticaron a KJ con deficiencia severa de carbamoil fosfato sintetasa 1 (CPS1). El trastorno impide que el hígado produzca una enzima clae que descompone el amoníaco – desecho común – en urea que luego se despide a través de la orina. Debido a esto, se acumulan los niveles de amoníaco, y eventualmente se dañan los órganos. Aunque es poco frecuente, la deficiencia de CPS1 puede deberse a una variedad de mutaciones diferentes, lo que significa que los casos no siempre comparten la misma causa genética.
Hay tratamientos, como la dieta estricta baja en proteínas, que pueden mantener bajos los niveles de amoníaco en personas con CPS1 pero casi la mitad de los que sufren de esta deficiencia en su primera infancia, mueren dentro de la primera semana (los casos que aparecen más tarde en la vida tienen una tasa de supervivencia muy superior). Hasta ahora el único tratamiento curativo disponible era el trasplante de hígado. Pero los bebés como KJ suelen tener que esperar hasta cumplir la edad suficiente como para sobrevivir a esta cirugía, y mientras tanto son vulnerables a las graves complicaciones del trastorno, que incluyen el daño cerebral permanente.
Momento de decisión
Los investigadores del CHOP y Penn Medicine habían estado tratando de desarrollar rápidamente terapias genéticas personalizadas para personas con raras enfermedades genéticas. KJ parecía ser el caso perfecto para su tratamiento y con permiso de los padres y de la FDA, el equipo se puso a trabajar.
En los siguientes seis meses los investigadores desarrollaron, probaron y trataron a KJ con su propia droga personalizada de edición genética. La terapia utiliza una forma de CRISPR – enviada a las células del hígado usando nanopartículas lípidas – para editar una base específica (son las letras del ADN) en el gen defectuoso y así permitir que su hígado pudiera descomponer el amoníaco. La terapia se probó antes en ratones y en monos.
Primero le dieron a KJ una baja dosis de la terapia genética, conocida como k-abe, en febrero de 2025. Cuando pareció tolerarla bien, recibió dos dosis más altas en marzo y abril, sin efectos colaterales aparentes.
El bebé ha podido ingerir cada vez más proteínas, requiriendo dosis menores de otro tratamiento utilizado para su afección. Tuvo infecciones comunes a los bebés durante ese período de tiempo, que en personas con CPS1 pueden ser de riesgo de vida pero se recuperó sin mayores problemas. Y esa es otra señal prometedora.
Llevará tiempo saber si la terapia es segura a largo plazo, o si KJ requerirá tratamientos adicionales. Pero por ahora todo parece estar funcionando tal como se esperaba. La historia de KJ sería solamente el comienzo. Los investigadores creen que su trabajo puede ajustarse para tratar una cantidad de enfermedades genéticas muy poco frecuentes.
Si fuera así, el éxito de KJ podría ser el inicio de una nueva era de medicina personalizada.
“Queremos que cada paciente tenga el potencial de vivir los mismos resultados que vimos en este primer paciente y esperamos que otros investigadores académicos repliquen este método para muchas otras enfermedades, dándoles a los pacientes la oportunidad de vivir con salud”, dijo Kiran Musunuru, genetista de Penn Medicine, que encabezó el trabajo. “La promesa de la terapia genética de la que oímos hablar durante décadas se está convirtiendo en realidad y transformará por completo la forma en que gestionamos la medicina”.