Un equipo de investigadores de Stanford ha demostrado que modelos de inteligencia artificial pueden generar secuencias genéticas coherentes a escala de un genoma completo. Hasta ahora, la IA ya se había utilizado para diseñar proteínas o fragmentos de ADN, pero nunca un virus entero capaz de replicarse y actuar sobre bacterias vivas.
Para ello, usaron modelos denominados Evo 1 y Evo 2, entrenados con más de dos millones de genomas de bacteriófagos. A partir de este aprendizaje, los sistemas diseñaron variantes del virus ΦX174, un fago clásico usado en investigación desde hace décadas. El objetivo: crear versiones capaces de atacar cepas de E. coli resistentes a antibióticos.
De la simulación al laboratorio

De los miles de diseños generados por la IA, los científicos seleccionaron 302 secuencias para ponerlas a prueba en laboratorio. Tras sintetizar el ADN y cultivarlo en bacterias, comprobaron que 16 de los fagos creados podían infectar y eliminar E. coli, incluso en cepas donde el virus natural no funcionaba.
Lo sorprendente fue que algunos de los genomas tenían muy poca similitud con el virus original, pero aún así eran funcionales. Esto sugiere que la IA puede explorar regiones de la biología que los humanos quizá no imaginarían.
Potencial y riesgos
El estudio, publicado en la revista Nature, aún pendiente de revisión por pares, abre un nuevo capítulo en la biotecnología: el uso de IA para crear herramientas terapéuticas frente a la creciente resistencia bacteriana. Los investigadores destacan que podría complementar y reforzar la llamada “terapia con fagos”.
Sin embargo, también surgen dilemas éticos y de bioseguridad. El trabajo evitó incluir virus que afecten a humanos o animales, pero expertos advierten del riesgo de un mal uso de esta tecnología. Como en otros avances biológicos, el reto será garantizar que se emplee solo con fines médicos y de investigación segura.