A medida que las sequías se vuelven más intensas y frecuentes, los científicos buscan entender por qué algunos árboles mueren mientras otros logran resistir. Una nueva serie de investigaciones sugiere que los árboles pueden “recordar” condiciones pasadas de humedad o escasez, ajustando su fisiología y estructura en respuesta a esos eventos. ¿Podría este fenómeno ser clave para su supervivencia?
La sequía como maestra: árboles que se adaptan

Un equipo de investigadores alemanes ha demostrado que los abetos expuestos a sequías prolongadas logran adaptarse desarrollando copas más pequeñas, con menos agujas y brotes más cortos. Esta transformación reduce la superficie de evaporación y permite conservar agua, incluso años después del evento climático extremo.
Durante un experimento iniciado en 2014, se indujo una sequía artificial en un grupo de abetos y hayas mediante techos plásticos que bloqueaban las lluvias estivales. Aunque no murieron, los abetos modificaron radicalmente su copa, reduciendo hasta un 60 % su superficie foliar. Esta estrategia mostró su eficacia en 2022, cuando esos mismos árboles resistieron mucho mejor una nueva sequía que sus vecinos no condicionados.
Además, estas adaptaciones parecieron beneficiar indirectamente a las hayas cercanas, que también mostraron menos signos de estrés hídrico. Esto sugiere que algunas especies pueden proteger a otras dentro del ecosistema.
El otro lado: árboles que “olvidan” la escasez
Sin embargo, no todos los recuerdos son útiles. En Suiza, otro experimento reveló que los pinos acostumbrados durante años a condiciones húmedas se mostraron más vulnerables al dejar de recibir riego. Las acículas de estos árboles demostraban menor capacidad fotosintética y un diseño más adaptado a esperar agua que a resistir su ausencia. Dos ejemplares incluso murieron rápidamente al cesar el riego.
Este comportamiento pone de manifiesto que una experiencia prolongada de abundancia puede debilitar la capacidad de respuesta ante un cambio brusco. Aun así, algunos científicos creen que estos árboles podrían haber desarrollado raíces más profundas, capaces de acceder a agua subterránea, lo que abriría nuevos interrogantes sobre la plasticidad vegetal.
El bosque del futuro: resistente, pero diferente

Aunque no todos los árboles responden igual, las investigaciones coinciden en que la experiencia previa condiciona la resiliencia. Los árboles jóvenes o acostumbrados a la escasez parecen tener una ventaja adaptativa. Sin embargo, el cambio climático plantea escenarios cada vez más extremos y variables, lo que dificultará las respuestas uniformes.
Para los expertos, estos hallazgos no significan que todos los bosques se adapten automáticamente al nuevo clima, pero sí revelan una capacidad inesperada en algunas especies. Como concluye uno de los investigadores, el bosque cambiará su forma, pero seguirá existiendo. La clave estará en entender, proteger y acompañar esos procesos de memoria y adaptación natural.
Fuente: Science News.